9/15/2017

GETAFE, GUERRILLA ANTIFRANQUISTA


 

 

 

GETAFE, GUERRILLA
ANTIFRANQUISTA
 

Por  Francisco Moreno Gómez
 

Catedrático del Instituto “Matemático Puig Adam” (Getafe, Madrid)
(autor, entre otros, de los libros
“La guerra civil en Córdoba”, 1982-1987,
“Víctimas de la guerra civil”, 1999,
“La resistencia armada contra Franco”, 2001,
“Morir, matar, sobrevivir...”, 2002
y La vida y la obra de Pedro Garfias, poeta del exilio)

  

Preámbulo  

     Llevamos más de 25 años de democracia y apenas se ha tomado nota pública de que en Getafe existió un intento de resistencia armada contra Franco. El reconocimiento llega muy tarde, casi por casualidad -más vale tarde que nunca-, en medio del olvido general, y se hace en la persona del que fue jefe, por breve tiempo, de aquel grupo guerrillero de Getafe, FRANCISCO GASCO SANTILLÁN, “El Berenjena”, entre 1945 y 1946. 

      Francisco Gasco tenía 25 años, soltero, tornero mecánico, empleado en Construcciones Aeronáuticas, natural de Getafe, con domicilio en la calle Felipe Estévez, 7. 

      Su grupo guerrillero se componía de cuatro personas, casi todos empleados de CASA, y actuaron entre finales de 1945 y primeros meses de 1946. Tenían el nombre de “Cazadores de Ciudad, de segunda línea”, y dependían del Comité Comarcal del PCE de Getafe, a su vez controlados por el Comité Provincial de Madrid, que nombraba un delegado de contacto, para recibir a los de Getafe todos los domingos, en un escenario discreto, que solía ser el parque del Retiro.
 

El contexto histórico de los años 40


    Vamos a dejar brevemente a nuestro héroe, a fin de situarnos en el momento histórico que estaba viviendo España, y Europa, en la encrucijada de 1944-1945, porque la guerrilla antifranquista hay que situarla en su contexto europeo, y para que podamos comprender por qué este comando de Getafe fabricaba bombas en Construcciones Aeronáuticas, era sencillamente porque eso mismo hacían los resistentes franceses contra los nazis o los partisanos italianos contra Mussolini. Por tanto, la guerrilla antifranquista no fue una peculiaridad española. Fue una mímesis con la resistencia europea.  España, por esta vez,  “no fue diferente”.

      No hubo “diferencia” por parte de España en esta lucha, pero sí “diferencia” contra España, porque, mientras los maquis o resistentes de Italia, Francia, Yugoslavia, ...recibían apoyo de las “democracias” aliadas, sólo los maquis españoles, los de dentro del país, se vieron abandonados. 

     El fenómeno de la resistencia lo iniciaron los españoles exiliados en Francia. Lucharon para liberar Francia de los nazis, y lo hacían pensando en España. Por eso, empezaron creando el periódico Reconquista de España (agosto de 1941) y, sobre todo, un organismo político de signo plural, una especie de frente de todos los antifranquistas con el nombre de UNIÓN NACIONAL, que se creó oficialmente en Montauban, Francia, 7-11-1942. El proyecto guerrillero venía a ser el brazo armado de Unión Nacional. No fue un proyecto estalinista, como ha señalado Andrés Trapiello, con grave error, sino un proyecto plural, ampliamente antifranquista, según la mentalidad abierta de Jesús Monzón, impulsor tanto de Unión Nacional como del proyecto guerrillero.

    En aquel colosal esfuerzo antifascista, se dio forma enseguida al viejo XIV Cuerpo de Guerrilleros, en Francia, en abril de 1942; un Cuerpo que se había batido en la guerra civil, a las órdenes de Domingo Ungría. En mayo de 1944 tomó el nombre de Agrupación de Guerrilleros Españoles, y siguieron luchando en Francia.

     Mientras tanto, Jesús Monzón, a la sazón Jefe de la Delegación Española del Comité Central del PCE, se había introducido clandestinamente en España, en septiembre de 1943, y creó enseguida la JUNTA SUPREMA DE UNIÓN NACIONAL, cuyo proyecto principal fue la puesta en marcha del Ejército Nacional Guerrillero, empezando por la Zona Centro.

     En agosto de 1944, París fue liberado con participación decisiva de los guerrilleros españoles.  A continuación, la vista de todos los exiliados estaba puesta en España, bajo el lema de “¡Hay que derribar a Franco antes que caiga Hitler!”

     En septiembre, Jesús Monzón dio, desde Madrid, la orden de la invasión por el Valle de Arán, con idea de llamar la atención de los aliados, a fin de que intervinieran en contra Franco. El 19 de octubre de 1944, al amanecer, unos 3.500 ó 4.000 guerrilleros españoles entraron en el Valle de Arán. Permanecieron en España hasta la noche del día 28, 10 días, al cabo de los cuales decidieron retirarse. Y se retiraron en orden, con muy pocas bajas, muy lejos de ese supuesto desastre del que han hablado, erróneamente, historiadores mal documentados. Sólo pretendían hacer un gesto ante los aliados. El único problema fue que los aliados estuvieron sordos y ciegos, y miraron para otro lado, ante la realidad trágica de España.

     La estrategia, entonces, de Unión Nacional y del PCE  fue el envío de cuadros guerrilleros directivos al interior de España.  Así, durante el otoño de 1944 y a lo largo de todo 1945, fueron entrando pequeños grupos o dirigentes individuales, a fin de reforzar la guerrilla del interior y a los grupos dispersos de huidos.

     Para dirigir el Ejército Guerrillero del Centro, Jesús Monzón y Agustín Zoroa echaron mano del valeroso “Fermín” (José Isasa Olaizola, regresado en el otoño de 1943 desde el exilio en Argentina). Agustín Zoroa (enviado desde Francia en 1944) se encargó de la Secretaría Militar para asuntos guerrilleros en el seno de la Delegación Española del PCE. Y en el Comité Provincial de Madrid, la secretaría militar recaía sobre Celestino Uriarte “Víctor”.  

     El Ejército Guerrillero del Centro, con “Fermín” en la jefatura, impulsó enseguida, a partir del otoño de 1944, diversas Agrupaciones Guerrilleras: Cáceres, Toledo, Ciudad Real, Córdoba, Albacete, Sierra de Gredos y la Agrupación Guerrillera de Madrid con el sobrenombre de “Cazadores de Ciudad”. Es en esta guerrilla urbana de Madrid, “Los Cazadores de Ciudad”, donde se inscribe la actuación antifranquista del grupo de Getafe, de cuya génesis y trayectoria damos breve noticia.

      Los jefes de la guerrilla de Madrid fueron tres, sucesivamente. 1) En enero de 1945 tomó el mando José Vitini Flórez, llegado desde Francia, con una gran experiencia de lucha contra los nazis, y con el grado de teniente coronel de las Fuerzas Francesas del Interior. En su mandato ocurrió el atentado contra la Subdelegación de Falange, en la calle Ávila, de Madrid. La oleada represiva consiguió capturar a Vitini a primeros de abril, y el día 28 sucumbió ante el pelotón de fusilamiento.

    2) Recondujo entonces la guerrilla de Madrid el célebre Cristino García, llegado de Francia en abril de 1945. A mediados de octubre cayó detenido. Fue fusilado con otros 11, el 21 febrero 1946.  3) Desde el otoño de 1945 dirigió los “Cazadores de Ciudad” otro peso pesado de la lucha antifranquista:   Pedro Sanz Prades “Paco el Catalán”. Consiguió zafarse de la represión más tiempo, y logró llevar a cabo diversos atentados contra objetivos del Régimen, hasta febrero de 1947, en que cayeron todos y la represión los hizo trizas. Fue bajo el mando de “Paco el Catalán”, cuando tuvo lugar la actividad guerrillera en Getafe.


La reorganización comunista de Getafe

      Entre finales de 1943 y comienzos de 1944 llega a Getafe la nueva propaganda de Unión Nacional. Un tal PABLO, de Construcciones Aeronáuticas, empezó a hacer captaciones, entre ellas, la de Benito Claudio Hernández “El Negro”. Este pasó enseguida a secretario de Propaganda del comité local de Unión Nacional: PABLO, secretario de Organización; y un chófer de la Fábrica de Gomas, como secretario general. 

     Al llegar el verano de 1944,  por órdenes de Madrid se constituyó el Comité Comarcal del PCE en Getafe: Hilario Merino (Sº General), Benito Claudio “El Negro” (Sº Organiz.) y José Camacho Muñoz (Sº Agit-Prop), todos de Construcciones Aeronáuticas.   

     Recibían como propaganda: “Mundo Obrero”, “Reconquista de España” y “Nuestra Bandera”. Todos los domingos se trasladaban a Madrid, casi siempre al Retiro, y se entrevistaban con el contacto del Provincial de Madrid, que solía ser Francisco Santos Pinel. En alguna ocasión lo fue Francisco López Rodas.  La misión principal entonces era crear  Radios del PCE en diversas fábricas y en pueblos comarcanos.

     En marzo de 1945, José Mena Rodríguez, otro trabajador de CASA, empezó a reorganizar las J.S.U. (Juventudes Socialistas Unificadas).

     En julio de 1945 se reestructuró el Comité Comarcal, cuando Hilario Merino, que hacía el servicio militar, fue relevado del cargo por orden superior, debido a supuestas “ideas anarquistas”. Entonces, pasó a la secretaría general  Buenaventura Gómez Díaz, de la empresa TELMA, que antes, el propio Merino lo había captado para el PCE.        

      En el verano de 1945, cuando en toda Europa, menos en España, se celebraba la destrucción de los regímenes totalitarios, en Getafe se fortalecía la organización clandestina del PCE, fecha en la que se contaban ya ocho Radios dependiendo del Comité Comarcal:


    . Radio n. 1 = Trabajadores de Construcciones, 40 ó 45 militantes.

    . Radio n. 2 = Vecinos de Leganés, unos 25 militantes.

    . Radio n. 3 = Fábrica Telefunken, con unos 16 militantes.

    . Radio n. 4 = Trabajadores diversos, con unos 12 militantes.

    . Radio n. 5 = Empresa TELMA, unos 30 militantes.

    . Radio n. 6 = Empresa Ericson, sin más datos, en formación.

    . Radio n. 7 = Móstoles, con 6 militantes.

    . Radio n. 8 = Villaverde, con ferroviarios y empresa Euskalduna,  con 80 militantes.

      A primeros de septiembre de 1945, cuando aún Cristino García dirigía los “Cazadores de Ciudad”, se recibe orden en Getafe de que había que organizar un grupo de guerrilleros. Se llamarían “Cazadores de Ciudad, de segunda línea”, y cuando hubiera 20 miembros, se llamarían “de primera línea”. Todo se debía promover desde el Comité Comarcal, y deberían ser captados los mejores militantes en los diversos Radios. 

       Buenaventura designó entonces a José Camacho Muñoz, como jefe de “Cazadores”, de Construcciones, porque había sido Capitán de Milicias en la guerra. Su puesto de propaganda en el Comité Comarcal lo ocupó un tal MANOLO, de la fábrica TELMA.

      Camacho va captando, poco a poco, un pequeño grupo de guerrilleros: José Mena Rodríguez, Pepe Soto, Casto Loarces, Juan José Vidal, Jesús Atienza y Francisco Gasco Santillán. El contacto de guerrilleros en Madrid era Francisco López Rodas.
 

La lucha de Francisco Gasco “Berenjena”
 

       En octubre de 1945, Francisco Gasco “El Berenjena”, trabajador de CASA, es captado para el PCE por Benito Claudio “El Negro”.

       En noviembre se le acerca Juan Mena y le revela que hace bombas para el Partido, rogando a Francisco Gasco que haga las tapas de las mismas, con lo que Gasco se pone a trabajar para la guerrilla. Al día siguiente lo aborda José Camacho y se da a conocer como el jefe de los “Cazadores” de Getafe. Mena será el encargado de recoger las tapas que Gasco haga en el torno. Así transcurrió un trimestre, en el que Gasco hizo tapas para unas 20 bombas; Camacho hacía los “espárragos”; los materiales los hurtaban de la fábrica, y a menudo trabajaban en casa de Pepe Soto o en casa de Jesús Atienza, en la calle Toledo. Aquellas bombas antifranquistas mandaban a recogerlas los de Madrid, y para ello enviaban a la señorita Mª Luisa Recio Butragueño, la novia de Juan Mena. Una misión parecida hacía la célebre Juana Doña, a las órdenes de “Paco el Catalán”.

      A finales de 1945, Santos Pinel comunicó al Comité Comarcal que José Camacho dejaba de ser jefe de guerrilleros, y que buscaran otro jefe. El secretario comarcal, Buenaventura Gómez, sondeó opiniones, habló con “Berenjena” y otros. Se designo entonces como nuevo jefe a Pepe Soto, también de Construcciones, que es “cazador” y enlace entre la organización de Madrid y la de Getafe.  Pero la jefatura de Pepe Soto no cuajó. 

     Así pues, en febrero de 1946, Banito Claudio “El Negro” convenció a Francisco Gasco Santillán para que aceptara la jefatura de los “Cazadores de Getafe”, a lo cual accedió. Gasco se desplazaba todos los domingos a Madrid, a entrevistarse con su jefe inmediato Francisco López Rodas, dejando en lugar aparte a sus tres guerrilleros: Casto Loarces, Juan José Vidal y Jesús Atienza.

      Pasó el mes de febrero de 1946 sin acciones de relevancia. Para el 3 de marzo, López Rodas los citó en el Metro Malasaña, para su bautismo de fuego. El objetivo era la Delegación de Falange, próxima a la Embajada Americana. Francisco Gasco llevó consigo a José Soto y a Jesús Atienza. De allí los mandaron a la glorieta de Chamberí, donde el contacto sería otro de los “cazadores” de Madrid, Bernardino Expósito Ciudad. Este les entregó 3 pistolas y un petardo con 6 cartuchos de dinamita. A las 22’30 h. lo colocaron y explotó en la Delegación de Falange. Bernardino los recibió luego junto al Hotel Nacional, de la glorieta de Atocha, celebraron el sabotaje antifranquista, y los despidió. Pero nuestros tres activistas de la resistencia perdieron aquella noche la camioneta de Getafe y hubieron de regresar andando.

     Francisco Gasco “Berenjena” siguió viéndose con López Rodas en el mes de marzo, con el que tomó café el 15 de marzo en la plaza del Progreso. Luego pasaron a la Plaza Mayor, lugar de la cita con Bernardino, el cual hizo entrega de una bomba para el próximo objetivo: el ferrocarril del Mediodía, entre Getafe y Pinto, al paso de un tren de mercancías. La fecha fijada era la noche del 17 de marzo. A las 23 h. salieron de Getafe andando, en dirección a Pinto: Francisco Gasco, Casto Loarces y Juan José Vidal. Dejaron colocado el artefacto a la mitad del trayecto entre Getafe y Pinto, y regresaron sin saber el resultado del sabotaje. La bomba explotó al paso, no del mercancías, sino del tren-correo de Cartagena. De los efectos de la explosión no tenemos noticia.

      Y ahí acabó la lucha armada de “Berenjena” y ahí acabó el grupo de “Cazadores de Getafe”, porque la represión del Régimen desbarató enseguida el Comité Comarcal de Getafe, y el día 9 de abril de 1946 cayó detenido Francisco Gasco y otros compañeros. El 12 de abril se hallaban todos en las trágicas dependencias de la Brigada Político Social en la Dirección General de Seguridad de Madrid. Del calvario y de la sangre que pudo derramarse en aquellas mazmorras no nos ha llegado noticia. Quizá no sea necesaria, porque de esos interrogatorios no salía nadie que no fuera a rastras y hecho añicos.  

      Se les incoó el sumario 135.312, bajo la batuta del verdugo del Régimen, el coronel caballero mutilado por la patria Enrique Eymar Fernández, juez especial para la represión del comunismo. Se sustanció el sumario contra Francisco Gasco y seis más, el comité comarcal y el comando guerrillero.  

     No tenemos la fecha del consejo de guerra, pero sí del “ENTERADO” de Franco para la ejecución de la pena de muerte contra el único ejecutado del grupo, Francisco Gasco,  un oficio que dice así: 

    “Don Ignacio Cuervo-Arango y González-Carvajal, coronel auditor jefe de la Asesoría del Ministerio del Ejército,

     CERTIFICO: Que el Gobierno, al que ha sido notificada la parte dispositiva de la sentencia.......... se da por enterado de la pena impuesta.

     ...... Madrid, a uno de julio de mil novecientos cuarenta y seis”.


    Otro oficio que consta en su expediente nos da la terrible noticia:

          “Iltmo. Señor:

          Como continuación a mi escrito fecha de ayer, participo a V.I. que en la madrugada del día de hoy, ha sido cumplimentado el servicio que interesaba en su oficio fecha 15 de los corrientes, para la ejecución del reo Francisco Gasco Santillán.

                 Dios guarde a V.I. muchos años.

                 Madrid,  16 de julio de 1946.

                      El Director General”.


     Así acabó, en 1946, bajo la represión de la dictadura la oposición clandestina del primer Comité Comarcal del PCE de Getafe y así acabó el grupo guerrillero de Getafe con muchos años de cárcel, y así acabó la vida de un guerrillero más de los varios miles que perecieron en toda España.
 

Epílogo: La justicia de la memoria
 

    Fue la tragedia del maquis español, olvidado de las democracias occidentales, dando así la razón a lo que antes había sentenciado Manuel Azaña: “De los enemigos de la República, el peor es el Gobierno británico y la política franco-inglesa de no intervención”.

     Aquella oposición y aquella guerrilla perseguida tuvo que practicar la violencia, una violencia menor y testimonial contra una violencia colosal, total y absorbente que practicó el franquismo. Pero el Derecho Internacional considera lícita la violencia defensiva contra las tiranías y los regímenes esclavizadores, licitud que ha sido admitida siempre, desde la noche de los tiempos.

     No es ésta la historia “de unas vidas desdichadas, unidas por el infortunio”, ni mucho menos es la historia “de unos cuantos débiles y de unos cuantos pobres”, como de manera aberrante ha escrito Andrés Trapiello, en unas notas sobre el maquis de Madrid. Desconoce Trapiello el fondo de la cuestión. Se trata de la historia de unos resistentes, la historia de una vanguardia antifranquista, minoritaria, ciertamente, y es la historia del rescoldo de una República legal pisoteada por los golpistas de 1936. No son unos “desgraciados”, según el desvarío de Trapiello. Son los resistentes, incluso con errores, en contra de una dictadura. Aquellos al menos lucharon. ¿Qué han hecho otros por la democracia que hoy la mayoría disfruta gratis? 

Nadie que lucha por una causa digna es un desgraciado, como no lo fue Espartaco, al frente de la sublevación de sus esclavos, o no lo fueron los numantinos, o no lo fueron Padilla, Bravo y Maldonado, en contra de las arbitrariedades del Emperador.  

     Finalmente, el recuerdo de los resistentes antifranquistas de Getafe, y del más destacado de ellos, Francisco Gasco, expone una lección moral a la democracia de 1977: la obligación de recuperar la memoria histórica de una resistencia al franquismo que jamás ha debido ser soterrada. El soterramiento de la memoria de las víctimas de una dictadura sangrienta es un oprobio indeleble para una sociedad que se precie mínimamente digna. Lo único que se consigue con el olvido es dejar el terreno libre para que el tardofranquismo, el neofranquismo, el criptofranquismo y los franquismos sociológicos y políticos campen con absoluta desvergüenza, que es lo que hoy ocurre.

      Afortunadamente, desde la base cívica, desde abajo, surge una corriente inversa, aunque no mayoritaria: “un hambre de memoria”, memoria de un sufrimiento de los reprimidos, memoria de un genocidio ocultado con un potente programa de desinformación. Tristemente no se ha evitado que la historia la sigan escribiendo los verdugos del golpe militar, sus herederos, sus apologistas, sus adláteres y sus admiradores ocultos, que no están ni en este partido ni en el otro, sino en todas partes, en todos los foros, en todos los medios y en todas las Universidades. 

      Al final, resulta aleccionador quedarse con la imagen de los que no claudicaron, y con el reconocimiento de que al menos lo intentaron. Con otras palabras, contribuyeron a promover la convicción de que en la historia no todo es miseria moral, sino que también existieron personas excepcionales, según las sabias palabras de Josep Fontana:
 
      “En la lucha por construir una sociedad como ésta, hemos perdido muchas batallas e incluso alguna guerra. No ha de sorprender que muchos hayan creído que el triunfo era imposible y hayan abandonado el combate, sin darse cuenta de que, incluso habiendo perdido, se ha conseguido cambiar muchas cosas que ya no volverán a ser como en el pasado”.

 

 

 

 
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