9/19/2017

HOMENAJE A PEDRO GARFIAS EN MÉXICO


PEDRO GARFIAS, ENTRE ESPAÑA Y MÉXICO

 
 

  Por Francisco Moreno Gómez, biógrafo del poeta (“Pedro Garfias, poeta de la vanguardia, de la guerra y del exilio”, Diputación de Córdoba, España, 1996) y recopilador y estudioso de su obra (Pedro Garfias, “Poesías completas”, Edit. Alpuerto, Madrid, 1996), trabajos procedentes de su tesis doctoral sobre el poeta en la Universidad Complutense de Madrid, en 1994, tras una labor investigadora de 25 años. Texto aportado para el homenaje a Pedro Garfias en México, el 13 de junio de 2009, siendo el organizador Arturo Guzmán Romano.
 

      La figura del poeta Pedro Garfias es, propiamente, transnacional. Como mínimo es una voz hispano-mexicana, si bien puede pensarse en un evidente universalismo, porque Garfias, portador del dolor de una derrota injusta, representa el dolor de todos los derrotados y vencidos del mundo, el dolor de los deportados o desterrados, como el llanto de los persas, cantado por Esquilo. Allá donde haya un oprimido, un vencido o un desterrado, ahí está el llanto y la poesía de Garfias.

      El homenaje a Pedro Garfias en México significa un homenaje a la poesía universal, un homenaje a los valores democráticos agredidos por el totalitarismo, un homenaje a los vencidos en una lucha justa, y un homenaje a los valores hospitalarios de México y a su compromiso histórico con la república democrática española de 1936.

      Pedro Garfias fue el principal poeta de la guerra civil española y la principal voz del exilio español en México. Su poesía del exilio no sólo fue la de un demócrata español vencido, sino también la de un mexicano de adopción, que supo asimilarse perfectamente a la cultura mexicana. Oriundo de Andalucía (si bien nacido accidentalmente en Salamanca el 27 de mayo de 1901) vino a morir en Monterrey, el 9 de agosto de 1967. México guarda actualmente sus restos mortales.

      Muchos se han preguntado por qué a Garfias se le homenajea en México y no en España. La respuesta es muy sencilla: porque en España todavía sigue siendo tabú la lucha de los demócratas de 1936 en contra del franquismo, y se ha impuesto un aberrante clima de silencio sobre aquella gesta de resistencia. En cambio, México supo apostar por los valores democráticos que los españoles republicanos defendieron en 1936 y supo acoger en 1939 a los exiliados vencidos.

      Hoy día en España, aunque tarde, se ha extendido una reacción contra ese silencio de raíces franquistas, un silencio de 70 años, que no sólo ha afectado a los mártires de la democracia española, sino también a los exiliados, y por supuesto a Garfias. Esta es la lógica explicación: Garfias fue un vencido, y como tal sufrió en su patria el silencio impuesto a los vencidos. Garfias, como otros centenares de miles, fue una víctima del “vae victis” impuesto por los vencedores, cuya arrogancia todavía hoy se percibe en sus herederos, tanto que el célebre juez español Baltasar Garzón, que supo incriminar a Pinochet, acaba de ser denunciado por los ex franquistas, por el hecho de haberse atrevido a incoar una causa de incriminación contra Franco, el pasado 16 de octubre.

      La oleada de silencio que impuso el franquismo hizo estragos sobre la obra de poetas, pintores, filósofos, artistas y escritores de la España peregrina, estragos de los que hoy día sufrimos todavía los efectos en España, cuyas personas de bien no cesan de lamentar la tragedia de los olvidados y la marginación de sus obras.

      Afortunadamente, la mordaza de silencio no pudo llegar a México: de ahí que la voz y el corazón de Garfias sigan latiendo todavía en estas tierras con un mensaje de los más altos valores éticos y literarios.

      Garfias en México ha sido y es un símbolo, un icono, un referente omnipresente.

      Garfias arribó a México, por el puerto de Veracruz, en el célebre buque “Sinaia”, el día 13 de junio de 1939, con otros 1.800 compatriotas acogidos por el gobierno mexicano de entonces.

      Nuestro poeta empezó su andadura mexicana con el evidente desgarro personal, de llanto, de elegía, de soledad. A partir de entonces hizo de la vida viajera por tierras de México su “modus vivendi”, se hacía presente en todas partes. Con su papel de intérprete, testigo y portavoz de los sentimientos generales de soledad entre los exiliados, así como de los indelebles recuerdos de la guerra antifranquista, Garfias se convirtió de inmediato en el juglar y en el profeta lírico del exilio. Garfias no sólo poetizaba unos sentimientos que todos compartían, sino que también cantaba unos recuerdos patrios que todos guardaban en lo más íntimo. Por ello, el poeta era invitado a todas las ciudades de México y en todas partes le escuchaban con emoción casi ritual, no sólo los españoles exiliados, sino también muchísimos mexicanos, sobre todo gentes de letras, impresionados por aquel espectáculo de autenticidad humana. Esto indica que Garfias no sólo actuó de portavoz lírico entre los exiliados, sino también como nexo cordial, humilde y fraternal con grupos de intelectuales mexicanos en muchos lugares. Y a la vez contribuyó a que intelectuales exiliados se integraran con los mexicanos, de manera que el círculo de amigos de Garfias en cada ciudad nunca fue de españoles o de mexicanos exclusivamente, sino un conjunto integrado de ambos. Fue una ejemplar labor integradora a través de un poeta y a través de una poesía.

      Desde su salida de España, Garfias está presente en la mayoría de la revistas del exilio, empezando por Sinaia, y luego, España peregrina, Romance, España Popular, Cuadernos Americanos, Las Españas, España y la Paz, Nuestro Tiempo, etc. Y por supuesto, en muchos periódicos y revistas de México: Universidad, Armas y Letras (Monterrey), Et Caétera (Guadalajara), Cauce, Nuevo Cauce (Torreón), entre otras, además de en numerosos suplementos literarios de la prensa azteca. Se puede afirmar, por tanto, que la obra de Garfias en el exilio es no sólo española, sino hispano-mexicana. En su poesía también se integran ambos mundos, y no puede sorprender que los mexicanos comiencen a considerar a Pedro Garfias como a uno de sus poetas.

      La obra literaria de Garfias en México fue de gran importancia. Se inició con una “summa” de toda su poesía de la guerra, la que le mereció el Premio Nacional de Literatura de 1938, un recopilatorio bajo el título de Poesías de la guerra española, 1941. Del mismo año es su gran elegía Primavera en Eaton Hastings, un poemario de altísima calidad poética, considerado el mejor libro poético del exilio español. En 1943 publicó un pequeño libro: Elegía a la presa de Dnieprostroi, sobre motivos en torno a la tragedia de la II Guerra Mundial. En 1948 publicó en Monterrey una de sus obras emblemáticas: De soledad y otros pesares. En 1951 repitió la modalidad del libro breve y condensado: Viejos y nuevos poemas, con un prólogo magistral de Juan Rejano. En 1953 apareció en Guadalajara su obra testamentaria: Río de aguas amargas. A partir de ahí, tal vez lo más significativo de su creación poética fue la proliferación de gran cantidad de poemas sueltos, a veces escritos en servilletas de los bares, con los que obsequiaba a sus amigos, o bien los guardaba o los retenía en su memoria portentosa. Casi 300 de estos poemas sueltos hemos podido recopilar, los cuales revelan todo un caleidoscopio de la personalidad del poeta, ingenioso o deprimido, ilusionado o desesperado, tierno o iracundo, taurino o flamencólogo. Otros libros y otros poemas sueltos se publicaron años antes en España. En total, una obra de casi 600 poemas, algunos de ellos inmortales como el emblemático “Entre España y México”, compuesto a bordo del buque “Sinaia” y recitado poco antes del desembarco. Con este poema, repetido por todos los rincones de México, aplaudieron y se emocionaron miles de exiliados y de mexicanos. El final de este poema esta esculpido en el monumento a los exiliados españoles en Veracruz:

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                      Pueblo libre de México:
                      como otro tiempo por la mar salada
                      te va un río español de sangre roja,
                      de generosa sangre desbordada.
                      Pero eres tú esta vez quien nos conquistas,
                      y para siempre, ¡oh vieja y nueva España! 

      Pedro Garfias proclamó en multitud de recitales su gratitud a México por su acogimiento y su hospitalidad. Proclamó su identificación personal con el cálido México, que le recordaba a su perdida Andalucía.

      Igual que Garfias, los demócratas españoles de hoy, los que han sabido descifrar los signos del pasado oculto, también se honran en proclamar su gratitud al México que apoyó la causa democrática republicana en 1936, al México que supo acoger a los derrotados por el fascismo, al México que supo escuchar y valorar a nuestro poeta, a la vez que se convirtió en su albacea testamentario, para actualizarlo hoy día, en contra del olvido, y visualizarlo en un homenaje y en un monumento, símbolo de la fe en las causas justas por las que mereció la pena luchar. Hoy, a través de un poeta y de unos versos, se hermanan dos continentes. Gracias.

 

 

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