9/19/2017

LOS POETAS DE LA GUERRA: PEDRO GARFIAS


PEDRO GARFIAS, ENTRE LA VANGUARDIA, LA GUERRA Y EL EXILIO

 
                                                  Francisco Moreno Gómez

 

      Al iniciar esta conferencia, deseo expresar mi felicitación a los ciudadanos de Écija, porque en esta ciudad pasó un tiempo, un bienio, el gran poeta Pedro Garfias, y el nombre de Écija lo llevó por varios lugares del mundo, en España, en el exilio europeo y en el exilio mejicano. De manera que os felicito, porque un paisano vuestro, Pedro Garfias, se sintió orgulloso de Écija y ha llevado el nombre de Écija por muchos lugares. Es para mí muy grato hoy haceros un recordatorio de este poeta extraordinario, singular, que no es un tópico hablar así. No es un tópico decir que fue peculiar, extraordinario, excepcional, fuera de los esquemas habituales, impresionante para todo el que lo lee mínimamente, o lo estudia sucintamente (1).

      El estudio de Pedro Garfias fue para mí un descubrimiento, cuando yo investigaba sobre la guerra civil en Córdoba (2), y de pronto me encontré a este poeta en los primeros documentos, y me llamó fuertemente la atención. Entonces reservé un cajón en mi casa, y todo lo que encontraba sobre Pedro Garfias iba a ese cajón, hasta que en 1990 empecé a redactar la tesis (3). El estudio de Pedro Garfias fue para mí, primero, una apuesta y un reto intelectual, con todo empeño; y en segundo lugar, fue una apuesta ética, un compromiso personal, de fidelidad a una escala de valores, para lo cual Pedro Garfias me daba plena satisfacción. Una apuesta de rigor, y al mismo tiempo, una apuesta romántica. Para comprender a Pedro Garfias hay que ser un romántico. Un romántico no es un sentimental, sino un idealista, un quijote. El rasgo principal del romántico es el idealismo: tener una alta concepción de determinados principios y valores de la vida, desde los cuales se choca luego con la realidad vulgar. De ahí que el romántico sea primero idealista, y a continuación, sea un desengañado, frente a la vulgaridad de la vida. Pedro Garfias fue mucho de todo esto. Y para ser amigo de Pedro Garfias e identificarse con él, hay que romántico antes que academicista. El academicismo frío y calculado y simplemente erudito no suele conectar con Pedro Garfias, si bien el rigor en la investigación debe ser máximo, a la hora de enfrentarse con este poeta.

      Mi tesis doctoral sobre Pedro Garfias la leí en el año 1994, y fruto de esa tesis fueron dos libros: la recopilación de Poesías completas  de Pedro Garfias (1996) (4), donde presente bastantes inéditos, debido a algunos archivos particulares, descubiertos en México; y luego, una gran biografía, que me publicó la Diputación de Córdoba, Pedro Garfias, poeta de la vanguardia, de la guerra y del exilio (1996) (5), de más de 800 páginas, donde reconstruí muchos aspectos de la vida del poeta, y hablé con muchos testigos, de muchas procedencias, la mayoría de los cuales hoy ya han muerto. Cuando abro las páginas de estas obras, me llevo la satisfacción de pensar que he salvado, modestamente, muchas cosas sobre Pedro Garfias, que de haberlo intentado hoy, ya no hubiera sido posible. La publicación de Poesías completas no me la quisieron hacer las editoriales convencionales, y como tengo esa conexión romántica con Pedro Garfias, un día me harté y decidí la publicación de mi propio bolsillo. Y así se hizo, aunque algunos ayuntamientos (Pozoblanco y Osuna) y la Diputación de Córdoba colaboraron con  cierta adquisición de ejemplares. Otros ayuntamientos de significación garfista apenas colaboraron o lo hicieron de manera insignificante (Cabra, Villafranca y Écija), y hubo otro que se negó rotundamente, por rechazo a la ideología del poeta: La Carolina, gobernada por la derecha. Por todo esto tuve que pasar para sacar adelante las Poesías completas de nuestro autor. No me pesa, sino todo lo contrario, haber costeado personalmente la edición. Un día, el poeta me lo agradecerá, cuando los dos nos veamos en las cumbres del monte Parnaso. Por tanto, es algo más que una pose académica para mí hablar de Pedro Garfias.

      Pedro Garfias fue testigo de tres décadas, testigo sobresaliente. Fue testigo de los años veinte, estandarte del vanguardismo, y del ultraismo en España. Fue testigo de los años treinta, comprometido, en unos años convulsos en toda Europa, agitados, con la guerra civil de por medio. Y luego fue testigo de la década de los cuarenta y siguientes en la amargura del exilio.

      Garfias fue el más destacado del ultraísmo, empezando por la década de los años veinte. Entre los firmantes del manifiesto ultraísta de 1919, Garfias, José Rivas Panedas y Guillermo de Torre son los más sobresalientes de ese manifiesto. Y para sustanciar un poco ese protagonismo de Garfias en los años veinte y en el ultraísmo y en el vanguardismo, os doy cuenta brevemente algunas referencias.

      Cultivó un ultraísmo de raíz creacionista. Pedro Iglesias Caballero consideraba que Garfias estaba influido “por Vicente Huidobro” (6), y añade: “a nuestro juicio, el que más se ha adelantado a todos, el mejor de todos, hasta ahora, es Garfias”. Cansinos-Asséns nos recuerda que “Pedro Garfias pertenece a la que Guillermo de Torre llama  ‘la primogenitura innovadora de la media docena de genuinos ultraístas’” (7). Adriano del Valle lo calificó de “maravilloso poeta creacionista” (8). Guillermo de Torre se sintió impresionado por “las imágenes peculiares de sus poemas, forjados en el laboratorio de la campiña meridional” (9), en un artículo donde señala que los cuatro “fundadores” del ultraismo fueron: Gerardo Diego, Rivas Panedas, Garfias y el propio Guillermo de Torre.

      En 1919, cuando Garfias llevaba sólo unos meses dedicado de lleno a la nueva estética, Juan Larrea admiraba ya la valía del andaluz: “el poema descriptivo por el que se afanan hasta el presente los ultraístas, y del que Pedro Garfias nos ha dado las notas más limpias” (10). En la primavera de 1920, los tres más auténticos del ultraísmo, Gerardo Diego, Larrea y Garfias, formaron una especie de “grupo de los tres”, y proyectaron un libro conjunto, llamado Triángulo, aunque no llegó a editarse. Escribe Robert Gurney que “Los mejores poetas ‘ultraístas’, según Larrea, fueron Pedro Garfias y José Rivas Panedas” (11), a los que califica más impresionistas que ultraístas, y nunca renunciaron a escribir la “verdadera poesía”. Otro de los que comprendieron la honda poesía de Garfias fue Luis Buñuel, que calificó a Garfias entre los mejores poetas del momento: “Nuestros poetas exquisitos, de élite antipopulachera, son: Larrea, el primero; Garfias (…); Huidobro; a veces el histrión de Gerardo Diego…” (12). Y en otra ocasión habla de Garfias como “ese poeta extraño y magnífico que se llamaba Pedro Garfias, un hombre que podía pasar quince días buscando un adjetivo” (13). Por otra parte, Agustín Sánchez Vidal ha resaltado el papel de Garfias como punto de enlace entre el grupo ultraísta, la Residencia de Estudiantes, por otra parte, y la tertulia del café Pombo, de Gómez de la Serna (14). El mismo Garfias, ya en el exilio, haría alusión a sus visitas a la Residencia de Estudiantes (15). Antonio Machado incluyó a Garfias entre los poetas “portentosamente dotados” del momento, junto con Guillén, Salinas, Lorca, Diego y Alberti (16), en una valoración de 1929, de gran significación. Angel Valbuena Prat, en 1930, también cita a Garfias como uno de los “poetas de valor” que salieron del ultraísmo (17). Jorge Guillén menciona a Garfias entre “Otros nombres relevantes que habría que subrayar” dentro de la generación del 27 (18). En definitiva, el protagonismo de Garfias en el movimiento ultraísta aparece ampliamente reconocido, de manera que el ultraísmo español no podría explicarse sin este poeta. Una tendencia literaria infravalorada, por desconocimiento, cuyo significado, a pesar de todo, ha sido subrayado por los grandes estudiosos. Según Valbuena Prat, “Para llegar al movimiento lírico actual es preciso señalar la importancia histórica de la escuela ‘ultraísta’” (19). Un ultraísmo muy valorado por Dámaso Alonso: “Sin él difícilmente se puede explicar la poesía posterior” (20). También Pedro Garfias, en sus colaboraciones en Heraldo de Madrid, en 1934, acertó en un ponderado y exacto análisis sobre el movimiento ultraísta, que “Puso España al día con las corrientes literarias de Europa” (21).

      Garfias fue luego –otra de sus grandes aportaciones- un puente de generaciones, sobre todo a través de su revista Horizonte (22), que él dirigió y publicó en varios números, entre 1922-1923. En esa revista Horizonte (que se conserva afortunadamente y ha sido editada en facsímil por el Ayuntamiento de Osuna), Garfias integra en ella a autores del 98, con colaboraciones, por ejemplo, de Antonio Machado. Autores del novecentismo, con colaboraciones de Eugenio D’Ors, de Juan Ramón Jiménez. Autores del vanguardismo, como Ramón Gómez de la Serna. Autores del ultraísmo, por supuesto, con toda su nómina pionera: Rivas Panedas, Gerardo Diego, Adriano del Valle, Eugenio Montes, el propio Garfias, etc. Y por último, esa revista tiende puente también a los autores de la generación del 27, y aparecen colaboraciones de Lorca, Alberti, Buñuel, Dámaso Alonso, Bergamín, Moreno Villa, Antonio Espina, Juan Chabás. He aquí, pues, otro de los méritos de nuestro poeta: que supo ser puente de generaciones en los años veinte. Y no sólo en su revista Horizonte, sino también en sus propias relaciones personales y literarias, de manera que fue también un puente de tertulias literarias, entre su propia tertulia del café Colonial, de Madrid (Cansinos-Asséns), y la tertulia del café Pombo (Gómez de la Serna), y en tercer lugar, el mundillo artístico y literario de la Residencia de Estudiantes (Lorca, Dali, Buñuel, Moreno Villa, Alberti).

      La década de los veinte incluye también la crisis del ultraísmo, desbordada por el empuje de la generación del 27, y esa crisis le afecta profundamente a Garfias (crisis en la que había también elementos personales, como su desencuentro con Gerardo Diego, y también elementos familiares). Por ello, en los últimos años de la década, Garfias aparece un tanto desorientado, pierde en parte la motivación literaria, aunque en el año 1927 él intenta, y de hecho lo lleva a cabo, una integración en la generación del 27, colaborando en la revista Litoral o en La Gaceta Literaria, donde participan los demás del 27, y además ha publicado un libro extraordinario, El ala del Sur, en 1926. Esta obra es un libro magnífico, donde no sólo reúne elementos del ultraísmo, sino también del neopopularismo, que cultivan Alberti o Lorca, además de un brillante caleidoscopio de diversas tendencias. Es un maravilloso libro ecléctico de la época. Son años de la segunda mitad de la década, en los que ha abandonado Madrid, ha vuelto a la campiña sevillana, en Osuna, donde en 1925 establece noviazgo con Margarita Fernández Repiso. Disponen el matrimonio, cuando ya la familia se ha trasladado a Écija, desde 1928. El bienio 1928-1929 es la etapa de estancia de Pedro Garfias en Écija. La familia Garfias (el padre Antonio Garfias Domínguez, la madrastra Felisa Rodríguez, su hermano José y sus hermanastros Antonio y María Garfias) se establece en la calle Garcilópez, núm. 10. Aquí vivió el poeta dos años, aunque tenía la novia en Osuna; por tanto, vivía en contacto con las dos ciudades. Y el primero de diciembre de 1929 se celebró la boda con Margarita, una señorita de enviada belleza y elegancia, de la alta sociedad de Osuna, cuyos padres desautorizan el matrimonio. La ceremonia se celebró en Osuna, y el banquete lo preparó el padre en Écija. Y para su hijo Pedro dispuso un trabajo de cobrador de arbitrios municipales en el Ayuntamiento de La Carolina (Jaén), a donde se trasladaron a finales del año 1929.

      Antes, en ese año 1929, Garfias tuvo cierta actividad literaria en Écija, en dos periódicos locales, que, si alguien los conserva, podrá comprobar la curiosidad de sus colaboraciones. En El Sol Ecijano, del año 1929, encontraréis “Galerías” (23), que son madrigales a señoritas de Écija, trece poemas en total, que más bien son poemas de circunstancias, de galantería. Y en prosa publica una serie titulada “Estampas” (24), que aparecen en La Voz de Écija, en la primavera y verano de 1929. Garfias se relacionó en Écija con un grupo ilustrado, en el que se encontraba don Juan Tamariz-Martel y Torres, un señor de edad madura, muy ponderado, de costumbres ilustradas, que además dirigía el triángulo masónico local “Astigi”, que tenía una docena de miembros, y su “venerable maestro” era Tamariz-Martel. Con él sostuvo Garfias un epistolario público, en esas “Estampas” citadas. Mantenían una tertulia en Écija, en el llamado Bar Tabique, por si alguien pudiera identificar qué bar pudo ser éste y su localización. En definitiva, quedó marcado Garfias por esta ciudad, por sus célebres torres, y proyectó en los años cuarenta en México un libro que debía titularse “Coloquio de las torres de Écija”, con 22 poemas, pero finalmente no fue obra independiente, sino que se publicó como una parte del libro De soledad y otros pesares (1948). Y en Écija permaneció ya para siempre su familia, aquí quedaron sus padres y hermanos. Su hermano José murió en 1935, durante la República: su padre, en 1949; su madrastra, en 1952. Luego, sus hermanastros, y aquí en Écija están todos enterrados.

      Llega la década de los años treinta, y Pedro Garfias, si fue sobresaliente en la década anterior, en los treinta escala nueva cota como personaje y poeta destacado. La década de los años treinta es la que lanza verdaderamente a Garfias a la fama. El lanzamiento o consagración de Pedro Garfias no fue fruto, a pesar de su importancia, del ultraísmo o del vanguardismo de los años veinte. Garfias se lanza y ocupa ese puesto sobresaliente, de “hombre de la colina”, profético, del que habla León Felipe, para definir la misión de los poetas (ese hombre elevado en la colina, que anticipa, que predice, que adoctrina a los pueblos, que les marca el camino, el horizonte). Ese “hombre de la colina” se hace y surge en los días terribles de la guerra civil. Si Garfias fue destacado poeta del ultraísmo, fue también de los primeros, si no el primero, entre los poetas de la guerra civil española. Hay que estudiar más a Garfias para convencerse de esta realidad. La década de los años treinta es la década del compromiso. En 1931, recién proclamada la República, Pedro y Margarita se presentan en Madrid. Consigue un puesto de trabajo en Obras Hidráulicas, por breve tiempo (su temperamento de hombre bohemio encajaba mal en los esquemas laborales convencionales). Se suma enseguida al compromiso político de la época y milita, como Alberti, Emilio Prados, Neruda, Vallejo y otros en el partido comunista (25). Era una punta de lanza muy comprometida y relacionada con el surrealismo francés (Luis Aragón, etc.), también adscrito a las ideas revolucionarias. Se plasma la nueva fe de Garfias en su colaboración en la revista Octubre (Madrid, 1933-1934), donde colaboran Machado, Rafael Alberti y otros. Una larga presencia de Garfias, con temas heterogéneos –políticos también-, se da en Heraldo de Madrid. Predominan los artículos de tema literario y los de novela policíaca (26).

      Y llega el día aciago de la sublevación militar del 18 de julio de 1936, el temido y trágicamente esperado por todos golpe militar. Y Pedro Garfias, romántico como hemos dicho, quijote hasta la médula, se enrola voluntario en las primeras columnas que se forman en Madrid, en concreto en la columna del teniente coronel Mangada. Pasa los primeros quince días de la guerra al otro lado de la sierra de Guadarrama, en Navalperal de Pinares (Ávila), acompañado de su amigo Francisco del Castillo (hermano del conocido teniente de Asalto asesinado), al que había conocido en el centro andaluz, de la plaza de Santa Ana, de Madrid. En este lugar, y en otros locales de cante flamenco y en tertulias literarias, Garfias había conocido en Madrid a muchos intelectuales del momento, con algunos de las cuales ha intervenido en actividades políticas, a veces clandestinas, y puesta en marcha de periódicos comprometidos, como el periódico Línea, en 1935. En esos años de la República, la actividad de Garfias en Madrid, a veces es más política que literaria.

      En cuanto pasan esos quince días en la columna Mangada, Garfias y Castillo regresan a Madrid, porque se enteran de que se está formando en el Retiro una columna de milicianos andaluces, gran parte sevillanos que han huido de estos campos, ante el empuje de las columnas golpistas africanas. Son jornaleros de Camas y de otros pueblos sevillanos o de Cordoba, que han ido a parar a Madrid en su huida. Se están formando las “Milicias Andaluzas”, y en ellas deciden enrolarse Castillo y Garfias, con primer destino a Villafranca de Córdoba, línea provisional del frente. Llegan hacia el 20 de agosto de 1936 a Villafranca. Pasan primero por Montoro, donde está el Estado Mayor del general Miaja. Y llegan con las “Milicias Andaluzas”, al mando de Juan María Aguilar, un diputado sevillano. Se conserva la tarjeta de miliciano de Garfias, como “Alférez Ayudante” (27). Esos primeros días ve morir a un miliciano que ha venido con él, desde Jaén, en un camión, y esto da motivo al primero de sus poemas de guerra, que se titula “Miliciano muerto” (Qué dulce muerte le dio / la bala que lo mató…), un jornalero que soñaba con defender su tierra, y nada más bajar del camión una bala perdida mata a aquel pobre hombre, al que ni siquiera le dio tiempo a intervenir en combate. Ese es el primer poema bélico de Garfias. Inmediatamente Garfias siente que la inspiración vuelve a él, vive una conmoción interior, se ve poseído por el “pathos” y el rapto de la vocación poética recuperada. Es la predilección del destino y de la musa que le han puesto otra vez por delante una causa por la que cantar, luchar y morir. Garfias, que poetizó antes la causa ultraísta, causa que luego entró en crisis y prácticamente se quedó sin ella, ahora encuentra la verdadera causa, la alta causa, que es la defensa de todos aquellos valores que había que defender en la encrucijada de los años treinta, en España y en Europa. Es la gran encrucijada romántica para Pedro Garfias, y a la vez, la encrucijada épica, en contacto y en conexión con el romancero, según la tradición española de todos los tiempos, que echa sus raíces fundamentales en los romances fronterizos del siglo XV. Esa maravilla española, que fue el romancero, es para Garfias su primer molde y su primer cauce para sus primeras inspiraciones como poeta de la guerra. Los que han dicho que la poesía de guerra de Garfias es una poesía de circunstancias, no saben lo que es la poesía épica, ignoran la tradición del romancero español y no saben lo que es la posición épica del poeta que se encuentra enardecido por una causa sincera y auténtica. El valor de la poesía épica no está en la distancia o en que pasen muchos años entre el suceso y el poema. El acierto de la poesía épica está en la autenticidad, en la verdad humana y en la sinceridad, no en la distancia. Esto lo han dicho estudiosos importantes como el francés Serge Salaün (149).

      Después de las “Milicias Andaluzas” se formó el “Batallón Villafranca”, en el que aquellas se reconvirtieron, hacia comienzos de octubre de 1936. Garfias vive en Villafranca, volcado en esas primeras actividades de un frente sin grandes sobresaltos ni grandes luchas, sino de pequeñas escaramuzas. Ahí conoció a personajes que le marcaron para toda su vida, ahí lo nombraron ya, en una asamblea en la iglesia de Villafranca, comisario del “Batallon Villafranca”, en el mes de octubre (el nombramiento se publicó oficialmente en diciembre) (29). Y en ese frente junto al Guadalquivir sufrió Garfias la gran desgracia de la pérdida de Villafranca, el 22 de diciembre de 1936, en el marco de una ofensiva que lanzaron los franquistas, apoderándose de una zona de olivares, por Bujalance y Montoro, hasta Porcuna y Lopera, en Jaén. Se evacuó Villafranca y ahí hubieron de sufrir esa primera y dolorosa experiencia de la evacuación, la huida y los refugiados, y así lo plasma en su primer libro, Poesías de la guerra, de comienzos de 1937, publicado en Valencia, donde Garfias y Margarita pasaron el mes de enero. En febrero volvieron al frente de Córdoba, y en pocas semanas va a vivir Garfias en el frente sur la gran experiencia bélica como comisario del “Batallón Villafranca” (74 Brigada Mixta), que luchó en la batalla de Pozoblanco, durante el mes de marzo de 1937. Ahí, la prensa republicana del momento, como Frente Sur, resalta la valentía, la decisión, las arengas, y los recitados de poemas (Pozoblanco, Pozoblanco / no serás nunca de Queipo, / te defienden los soldados / del Ejército del pueblo…) (30). Ahí Garfias se está ganando la gloria y la fama; ahí es conocido ya de una manera amplia que irradia desde el frente sur. Ahí tiene noticia de él Miguel Hernández, que se encuentra por esas fechas en el Estado Mayor de Andujar (y participará luego en la rendición del santuario de La Cabeza, el primero de mayo de 1937). Miguel se hace eco de la valía de Garfias y lo nombra en algunos de sus poemas, y en el periódico que Miguel publica en Castuera, Frente Extremeño, le dedica una foto de portada, con una fotografía de Garfias, con su capote de miliciano, recitando ante los soldados (31). Fruto de esa experiencia vital de Garfias en la batalla de Pozoblanco, una de las pocas victorias republicanas (marzo-abril, 1937, a la vez que se producía también la victoria republicana de Guadalajara), eso fue la materia poetizable de otro de los libros de guerra de Garfias titulado Héroes del Sur. Gran parte de estos poemas pasaron de inmediato a la mayoría de los romanceros que se han articulado sobre la guerra civil española. Yo hice un rastreo de estos romanceros publicados en España y en el extranjero, y en todos consta Pedro Garfias.

      Aparece en el Romancero de la guerra civil, del Ministerio de Instrucción Pública, Madrid, 1936 (Citar Diput. Pp. 335-336).

      En el Romancero General de la Guerra de España, Valencia, 1937, selección de Emilio Prados, con motivo del célebre Congreso de Intelectuales.

      En el Homenaje al poeta Federico García Lorca contra su muerte, Valencia, 1937, también obra de Emilio Prados, con motivo del citado congreso.

      En el Homenaje de despedida a las Brigadas Internacionales, Barcelona, 1938.

      En la Colección de Canciones de Lucha, Valencia, 1939, de Carlos Palacio.

      En el Romancero General de la Guerra Española, Buenos Aires, 1944, de Rafael Alberti.

      En el Romancero español, 1936-1939, de Buenos Aires, 1967.

      En el Romancero de la resistencia española, México, 1967, de Darío Puccini, que es una traducción de la edición italiana del mismo autor, Romancero della resistenza spagnola, Milán, 1960.

      En Le romancero de la résistence espagnole, París, 1976, también de Darío Puccini.

      En el Romancero de la guerra civil, de Ediciones La Torre, Madrid, 1978.

      En El romancero del Ejército Popular, Nuestra Cultura, Madrid, 1978.

      En el Romancero de la defensa de Madrid, Barcelona, 1982, de Serge Salaün.

      Por consiguiente, en casi todas las colecciones de romances de la guerra civil, desde 1936 hasta hoy, aparecen poemas y romances de Pedro Garfias, de Alberti y de la mayoria de los poetas del 27, y de otros muchos poetas aficionados salidos de la base popular.

      Esto nos lleva ya al final de la década de los años treinta, cuando Garfias se ve en ese trance terrible de la salida definitiva. Es la débacle, la ruina, la caída de la causa por la que se ha luchado, es la caída de la causa democrática, la causa republicana, la caída de la causa de esa libertad que Garfias ha defendido y por la que ha estado en las trincheras. Tuve la suerte de poder recoger el testimonio de quien estuvo con Garfias en los últimos días en España, que fue el cineasta Julián Antonio Ramírez, que me dijo lo siguiente: “Creo que fue en Espolla, pueblo situado en la fronteriza Sierra del Castellar, donde recompusimos de algún modo el ‘Batallón del Talento’” (32). En esos últimos días de retirada ya hacia la frontera francesa se les ocurre formar el “Batallón del Talento”, con un pequeño grupo de intelectuales. Se encuentran con un camión que lleva en su carrocería una pequeña máquina de imprenta, y deciden reeditar el periódico Ejército del Ebro, del Comisariado General. Pedro Garfias prometió un poema diario.

   “Que yo recuerde –continúa Ramírez-, sacamos dos números: los fechados el 9 y 10 de febrero de 1939. Su contenido, en lo esencial: llamamiento a la resistencia… Pedro dio los poemas prometidos. Temo que se hayan perdido. Yo mismo creía haber conservado algún ejemplar, pero sobrevino la vorágine de los campos de concentración, compañías de trabajadores y maquis en Francia. No los he vuelto a encontrar. Recuerdo, sí, o creo recordar, algún que otro verso de aquellos poemas. En uno, Pedro decía:

                                        Catalán, baila tu última sardana…”

      Este poema sí se conserva. Se titula “Arenga a los catalanes”, y lo incluyó Garfias en su edición definitiva de Poesías de la guerra española, en México (1941). Pero gracias al testimonio de Julián Antonio Ramírez hemos logrado recuperar un fragmento de otro poema que no se conserva. Dice: “Y en otro se aludía a la ya mencionada presencia de los mussolinianos en las fuerzas que nos acosaban:
                                       …vuestras armas, vuestras voces,
                                        nos dicen Italia, Italia,
                                        y el eco del viento responde:
                                        España, España, España.”

      Es sabido que las tropas que empujaban por la parte de Lérida y el Segre a los republicanos hacia la frontera eran los tropas italianas del general Gambara. Son, pues, los últimos versos escritos por Garfias en España. Y continúa el testimonio de Ramírez: “Nueva orden de retirada, ya la última. Allá en Espolla dejamos todo: la imprenta móvil y las gallinas de la masía donde estábamos. Eran instrucciones estrictas: no acarrear nada, ni siquiera de intendencia… Luego lo sentiríamos. Y fue el paso de la frontera, creo que en la noche del 12 al 13 de febrero. El ‘Batallón del Talento’ iba en dos camiones. Tuvimos un mínimo altercado –de dignidad, diría yo- en el puesto aduanero francés de Cerbère. ¿Para qué recordarlo? Teníamos cita en Argelés… Disciplinadamente fuimos a parar a la playa, que luego sería uno de los primeros grandes campos de concentración de españoles en Francia, a cuyas arenas llegamos poco antes del amanecer del día 13. En Pedro se fue apagando la exaltación y su verbosidad. Apenas recuerdo nada de su actitud que destacara en aquel magma sombrío, infrahumano…”

      Existe otro poema, que he reconstruido oralmente por testimonio de otro español exiliado, el Dr. Antonio Navarro Pérez, residente en Guadalajara (México), oriundo de Alicante (33), que me contó que los exiliados salieron de España cantando otro poema de Garfias, a manera de himno de derrota y de esperanza, al salir de España, y que luego se recitó y se cantó mucho en las emisoras mejicanas en 1940, por los exiliados allá, y según este testimonio, el poema lo hemos reconstruido y dice así:

                                   Somos los españoles,
                                   venimos de luchar,
                                   por España,
                                   por nuestra independencia,
                                   por nuestra libertad,
                                   por España, por España, por España.

                                   De tierra española venimos luchando,
                                   a tierra española queremos volver,
                                   allí nos esperan millones de hermanos,
                                   es nuestra consigna morir o vencer.

                                    Somos los españoles, etc.

                                   La tierra que dejo recuerda mis pasos,
                                   el sol de su cielo me ha visto nacer,
                                   las rutas del viento me llevan a España,
                                   todos los caminos me mandan volver.

                                   Somos los españoles, etc.

 

      Este texto se ha podido rescatar gracias al Dr. Antonio Navarro. Dice que la edición de Guadalajara recoge todos los poemas de Garfias, menos uno: éste, que él nos ha salvado oralmente.

      Otro poema de Garfias, que recoge ese momento del paso al exilio, que él publicó en Poesías de la guerra española (1941), es breve, y me van a permitir ustedes una especie de reto literario: si alguien conoce un poema de amor a España, más profundo que este, que me lo traiga. A ver, en España, quién ha escrito un poema de tanta hondura patriótica como este. Se titula “Cruzando la frontera”:
                                     España de tiniebla y de amapola
                                   cómo estos verdes frágiles
                                   pueden fingirte ante mis ojos duros
                                   que vienen deslumbrados de mirarte.
                                   El corazón me pesa como un monte,
                                   mis pasos se retardan esperándote,
                                   tiro de ti como un barquero tira
                                   de su barca a la orilla de los mares.
                                   El mundo se entreabre a mi camino;
                                   Dicen que el mundo es grande…
                                   Pero había tantos mundos todavía
                                   que descubrir entre tus besos, Madre.

      Hablar de Garfias supone una gran dificultad, por la cantidad de cosas que se amontonan. Que Garfias es uno de los primeros, o el primer poeta de la guerra civil española lo han dicho bastantes estudiosos, y que esa poesía es de lo más autentico que sobre la guerra se ha escrito también lo han afirmado muchos. Luis Rius ya lo escribió: “Y aquel estallido cainita de 1936, no sólo a la acción guerrera, sino nuevamente a la creación poética impulsó a Garfias. Su sensibilidad en extrema tensión volvió a tener la necesidad del canto… Soldado y poeta durante tres años Pedro Garfias; otros muchos lo fueron también: en el siglo XVI Ercilla y Garcilaso y Francisco de Aldana, Lope en el XVII, en el XIX Quintana. Pero el antecedente más legítimo de Poesías de la guerra y de Héroes del Sur no está en la obra de ningún poeta culto, sino en la del pueblo español de fines de la Edad Media, en el Romancero, y particularmente en los llamados romances fronterizos” (34).

      Sobre esta poesía de la guerra ha dicho Arturo Souto, pintor de origen español, exiliado en México: “La guerra de España vino a hacer de Garfias un poeta comprometido… se identificó en el frente con los milicianos que libraban la que ha sido llamada la última guerra romántica… A esa etapa pertenecen sus romances de la guerra, y de hecho su más alta poesía. Porque la guerra civil, sea o no directamente aludida, es la que hará de Garfias un gran poeta” (35).

      Llega el exilio, los campos de concentración en Francia. Sobre el 27 de febrero de 1939 Garfias consigue, con otros cinco o seis, ser recogidos hacia Inglaterra por el Lord Faringdon, un lord laborista, amigo de los republicanos españoles, y fueron a parar a una aldea cerca del Támesis, llamada Eaton Hastings. Allí pasaron los meses de abril y mayo de 1939. Estos cinco o seis, entre ellos Eduardo de Ontañón, un músico catalán y Pedro Garfias. No es posible detenerse ahora a ponderar y analizar la gran obra creada por Garfias en esta aldea, Primavera en Eaton Hastings (publicada luego en México en 1941), una elegía impresionante, calificada por Dámaso Alonso como “el mejor poemario del exilio español” (36), y todavía no ha sido reconocido así por los oficialistas y academicistas españoles. Esta es la gran obra de Garfias. Es el dolor del destierro, sublimado a través del paisaje inglés, que para él es un recuerdo y una añoranza de su paisaje andaluz.

      A mediados de mayo de 1939, Pedro y Margarita consiguieron ser incluidos en el pasaje de la gran expedición del barco “Sinaia”, con 1.800 exiliados, que rumbo a México salieron del puerto francés de Sète, cerca de Marsella, el 25 de mayo, al mediodía. Daban alma a aquella masa heterogénea, un grupo de intelectuales y escritores, como Adolfo Sánchez Vázquez, filósofo, Juan Rejano, Manuel Andujar, Pedro Garfias, entre otros, además de la banda de música del Ayuntamieto de Madrid, con su director al frente, Rafael Oropesa. En el trayecto editaron cada día un periódico, hecho insólito, con el título de Sinaia, que se conserva en todos sus números, que ha sido reeditado en facsímil en México, y por el Ayuntamiento de Osuna. Ese periódico Sinaia es entrañable y sobrecogedor, por ejemplo, cuando nos relata el paso, al día siguientes, ante el peñón de Gibraltar a las tres de la tarde, y se produce la despedida de España. Leer en el periódico la despedida de la patria que hacen esos exiliados españoles camino de México, en la voz del periodista octogenario Antonio Zozaya, de Heraldo de Madrid, supone un impacto en el que hay que tener mucha fortaleza para no derrumbarse. Es una página intensamente épica e impresionante de los españoles, agitando sus manos, llorando, mientras surcan el estrecho de Gibraltar. Cuando atracaron luego en el puerto de Funchal, en la isla de Madeira, esa noche celebraron un recital poético-musical a bordo, y ahí intervino por primera vez Garfias. Se puede asegurar que el barco se venía abajo oyendo a Garfias recitar sus poemas emblemáticos de la guerra. En los días siguientes, por idea de Juan Rejano, deciden confeccionar un álbum para obsequiar a Lázaro Cárdenas, presidente de México, que es el que acoge a los republicanos españoles. Porque hay que ponderar una vez más lo que le ocurre a la democracia española de 1931, la II República, en la esfera internacional, donde sólo dos países prestan ayuda a España, la Unión Soviética y México. El resto del mundo dio la espalda a la democracia española. Era la política vergonzante de Inglaterra y Francia. Por ello México merecía una gratitud venerante. Juan Rejano le pide continuamente a Garfias que plasme el poema estandarte del exilio, para incluirlo en ese álbum. Se lo rogaba todos los días. Y Pedro deambulaba y meditaba, sin respuesta. Llegaron a Puerto Rico, el barco atracó, pero no descendió el pasaje. Los sindicatos puertorriqueños hicieron un llamamiento, se hizo una concentración de apoyo a los demócratas españoles, y les arrojaban frutas, alimentos y alguna típica botella de ron. Los amigos de Rejano agarraron una de estas botellas, y a ella tal vez hay que agradecerle el que Garfias entrara, por fin, en situación creativa. Esto lo cuenta Juan Rejano en un artículo que no tiene desperdicio (37). Pedro Garfias, una mañana, apoyado sobre la barandilla de cubierta, empezó a hilvanar lentamente los versos del poema inmortal, el gran poema del exilio español. Un poema que tiene que figurar en todas las lápidas de todos los monumentos que se hagan de recuerdo a los republicanos y demócratas españoles exiliados en 1939. Aquella mañana del 10 de junio, surcando ya las aguas cálidas del Caribe, Juan Rejano empezó a escuchar, maravillado y absorto, la voz triste y evocadora de Garfias:

                                      Qué hilo tan fino, qué delgado junco
                                  -de acero fiel- nos une y nos separa
                                   con España presente en el recuerdo,
                                   con México presente en la esperanza.

      Juan Rejano se sobresalta. ¿Es ya el esperado poema? Sí, es el poema. Y le insiste que continúe: 

                                   Repite el mar sus cóncavos azules,
                                   repite el cielo sus tranquilas aguas
                                   y entre el cielo y el mar ensayan vuelos
                                   de análoga ambición, nuestras miradas.

                                     España que perdimos, no nos pierdas;
                                   guárdanos en tu frente derrumbada, 
                                   conserva a tu costado el hueco vivo
                                   de nuestra ausencia amarga
                                   que un día volveremos, más veloces,
                                   sobre la densa y poderosa espalda
                                   de este mar, con los brazos ondeantes
                                   y el latido del mar en la garganta.

                                     Y tú, México libre, pueblo abierto
                                   al ágil viento y a la luz del alba,      
                                   indios de clara estirpe, campesinos
                                   con tierras, con simientes y con máquinas;
                                   proletarios gigantes de anchas manos,
                                   que forjan el destino de la Patria;
                                   pueblo libre de México:
                                   como otro tiempo por la mar salada
                                   te va un río español de sangre roja,
                                   de generosa sangre desbordada.
                                   Pero eres tú esta vez quien nos conquistas,
                                   y para siempre, ¡oh vieja y nueva España!   


      Garfias se convierte en el poeta del exilio español. No había concentración de españoles, efemérides o celebración, que no contara con el recitado de Garfias. Nuestro poeta se hizo célebre en México, recorrió todas sus ciudades, unas veces celebrando el 14 de abril, otras el 7 de noviembre, otras la resistencia de Madrid, otras cualquier efemérides de la lucha española. Si la Casa de Andalucía celebraba un acto, allí estaba Pedro Garfias. Si lo celebraba la peña de Los Cuatro Gatos, de madrileños, allí estaba Pedro Garfias. Si era la peña de los asturianos, allí estaba Pedro Garfias, recitando otro de sus poemas emblemáticos: “Asturias, si yo pudiera, / si yo supiera cantarte…/ Asturias verde de montes / y negra de minerales./”...  Casi un himno asturiano, que cuenta con una extraordinaria versión musical del cantautor Víctor Manuel.

      Garfias fue un poeta y un símbolo en México. Tanto españoles como mejicanos quedaron asombrados ante su arte, su fuerza y su voz. Sólo tenemos ya tiempo para resumir algunas de las valoraciones que brotaron de una admiración incontenida.

      En un recorte de prensa incompleto, de Monterrey, de hacia 1948, se habla así de Garfias:

      “… Efectivamente: a pocos hombres he visto yo arrebatar a las gentes con sus poemas como lo hace Pedro Garfias. Y si esto no es poesía, si el que es capaz de encender a millares de personas con la sola fuerza de sus versos no es un poeta, tendremos que reconocer que algo divino y consustancial con el hombre desde la más remota antigüedad, se ha hundido definitivamente en nuestra época. Porque a dioses, a poetas, a hombres como Pedro Garfias se referían los griegos, cuando nos hablaban de Apolo, venciendo al sátiro Marsias ante los habitantes de Niza, a los que arranca lágrimas; a Orfeo, conmoviendo al mismo Plutón y haciendo retroceder a los ríos (…). ¿Dónde están los poetas? ¿Dónde están los poetas que recreaban y conmovían a nuestros antecesores cantando sus epopeyas?

      “Pero a estas voces clamantes, que son infinitas, mucho más numerosas de lo que vulgarmente se cree, podemos responderles con alegría: aquí hay uno, aquí hay un poeta, aquí está Pedro Garfias. Los dioses nos lo conserven” (38).

      En 1948, en Monterrey, José P. Saldaña escribe de esta manera:

      “A pesar de su eterna soledad, no era huraño ¡que va! Tiene a flor de labio la palabra afectuosa, que adquiere tonalidades de saxofón en la engolada voz declamadora. ¡Porque hay que oír como recita sus propios versos! Hay que dejarse embriagar por su voz musical, que sube de tono, baja, se pliega al ruido de la hojarasca, ronca como mar embravecido, o se unta en el aire como suspiro de flor (…).

      “Lo vi en el Aula Magna de la Universidad. Daba un recital. Entonces lo vi crecer, elevarse, salirse de sí mismo, para adueñarse de todo y de todos. Su humildad allí estaba, pero sobre ella salía la voz sonora del poema, voz emotiva, que lo mismo lloraba la ausencia de España, que reía con la nueva Patria que lo conquistaba. Tremolaba el aire sacudido por el temblor de la inspiración. No había más que una voz ardiente, afectuosa, amiga, que llenaba el salón, y una grande, unánime emoción. El poeta se había entregado sin reservas y había logrado el milagro de entrarse en todos los corazones. Los aplausos lo siguieron, camino a su casa, aleteando dentro de su anchuroso pecho…” (39).

      Alfredo Cardona Peña, hizo al poeta esta apasionada semblanza, publicada en El Nacional, a los pocos días de la muerte de Garfias:

      “Recordaré de Pedro Garfias, durante toda mi vida, tres cosas: su poesía, su rostro y su voz, juntos en una sola verdad humana. Más escuché su poesía, que la he leído, porque en lo que en otros poetas puede sonar a falso, o sencillamente no gustar, cuando de declamaciones se trata, en Pedro era algo tan natural, y al mismo tiempo tan sincero y apasionado, que escucharlo era asistir a la realización de su genio. Se puede asegurar que la tragedia de España, y su éxodo y permanencia en México, profundizaron su poesía hasta inmortalizarla en la historia de la lírica de nuestro idioma. Cantó su dolor y el su pueblo con términos de una pureza y de una fuerza humana raras veces alcanzada, esto para vergüenza de los antólogos y de los críticos oficiales de Franco, especializados en callar el milagro de este guerrillero de la palabra” (40).

      Y finalmente, Francisco Linares en El Nacional, en 1970, cuando ya había muerto Garfias (en 1967, en Monterrey, donde está enterrado) escribió:

      “Lo veo ahora de pie, con esa voz de recental furibundo que era la suya, lanzar al aire estos romances afilados como hoces y guadañas, salpicados de ternura viril, barbados por los trágicos flechazos: son romances –la mayoría de las composiciones están ceñidas por el octosílabo- certeros y contundentes como yunques. Vaya estampa y sonido el que tenía Garfias cuando pronunciaba sus poemas. Vaya firmeza la que brotaba de esos labios, de ese rostro garabateado. Vaya luz que irradiaba ese cabello que le caía en rebelde obstinación sobre la frente. Vaya frondosa verdad humana que hacía doler el verbo, trascender los afeites para hacerse disparo. Versos cuajados de juramentos y trágica solidaridad y luto” (41).

      Este es vuestro paisano Pedro Garfias. Yo os ruego, aunque seáis una minoría, que llevéis la causa de este poeta por vuestras calles, entre vuestros paisanos, preguntad por Pedro Garfias, interesaos por Pedro Garfias, que es un poeta muy grande, de los primeros de la guerra civil española, y desde luego la voz más destacada del exilio español de aquella deportación terrible de medio millón de españoles. Sé que existe un instituto, al menos, con el nombre de Pedro Garfias en Écija. Yo me atrevería a pediros modestamente, y la concejala de Cultura está presente, que a ver si es posible reservar para Garfias el rótulo de alguna calleja de esta ciudad de Écija, dedicada a vuestro gran paisano adoptivo, extraordinario. Termino dándoos la enhorabuena, porque Garfias ha vivido aquí. Muchas gracias.

                                                         (Écija, 29 abril 2006)

 

N O T A S

 

(1)               Pedro Garfias Zurita, nació circunstancialmente en Salamanca, el 27 de mayo de 1901, hijo de Antonio Garfias Domínguez, de Alonso (Huelva) y de Mª Dolores Zurita Chía, natural de Sevilla.

(2)               Mi trilogía sobre Córdoba se inició con La República y la guerra civil en Córdoba, Ayuntamiento de Córdoba, 1982; La guerra civil en Córdoba, 1936-1939, Alpuerto, Madrid, 1985; y Córdoba en la posguerra (la represión y la guerrilla, 1939-1950), F. Baena, Córdoba, 1987. Mis investigaciones sobre Garfias se iniciaron en 1980.

(3)               Mi tesis doctoral se presentó en 1994 en la Universidad Complutense de Madrid, con el título Vida y obra de Pedro Garfias, calificada “cum laude”, dirigida por  D. Emilio Miró, en un tribunal presidido por D. Francisco López Estrada.

(4)               Garfias, Pedro, Poesías completas, Alpuerto, Madrid, 1996, edición de Francisco Moreno Gómez.

(5)               Moreno Gómez, Francisco, Pedro Garfias, poeta de la vanguardia, de la guerra y del exilio, Diputación Provincial, Córdoba, 1996.

(6)               Iglesias Caballero, Pedro, “Madrid. Los ultraístas”, El Popular, Cabra, n. 57, 8 octubre 1919.

(7)               Cansinos-Asséns, Rafael, La nueva literatura (La evolución de la poesía, 1917-1927), Páez, Madrid, 1927, Vol. III, pp. 323-334.

(8)               Valle, Adriano del, “Pedro Garfias en el Ateneo sevillano”, Grecia, Sevilla, n. 42, 20 marzo 1920, p. 13.

(9)               Torre, Guillermo de, “Album de retratos. Mis amigos y yo”, Grecia, Madrid, n. 48, 1 septiembre 1920, pp. 11-12.

(10) Larrea, Juan, Cartas a Gerardo Diego (1916-1980), Univ. de Deusto, San

      Sebastián, 1986, p. 111.

(11) Gurney, Robert, La poesía de Juan Larrea, Univ. del País Vasco, Bilbao, 1985,

      p. 78.

(12) Buñuel, Luis, Obra literaria, Heraldo de Aragón, Zaragoza, 1982, p. 30.

(13) Buñuel, Luis, Mi último suspiro, Plaza y Janés, Barcelona, 1982, pp. 58-59.

(14) Sánchez Vidal, Agustín, en la introducción a Luis Buñuel, Obra literaria, ob. cit., p. 18.

(15) Garfias, Pedro, “Federico García Lorca, promesa y realidad de la lírica hispana”, recorte de prensa de Mérida, Yucatán, sin más datos, archivo de Margarita Fernández Repiso, sobre una conferencia en la Univ. de Yucatán.

(16) Machado, Antonio, “¿Cómo ven la nueva juventud española?”, La Gaceta Literaria, Madrid, III, n. 53, 1 marzo 1929.

(17) Valbuena Prat, Angel, La poesía española contemporánea (Las cien obras educadoras), CIAP, Madrid-Barcelona-Buenos Aires, 1930, vol. I, p. 79 y ss.

(18) García Lorca, Federico, Obras completas, Aguilar, Madrid, 1977, Tomo I, prólogo de Jorge Guillén, “Federico en persona”, p. XXXIII.

(19) Valbuena Prat, Angel, ob. cit., p. 79.

(20) Alonso, Dámaso, Poetas españoles contemporáneos, Gredos, Madrid, 1952, p. 245.

(21) Garfias, Pedro, “Del ultraísmo, y VI.- Colofón”, Heraldo de Madrid, 28 junio 1934, p. 6.

(22) La revista Horizonte, fundada y dirigida por Pedro Garfias, saca su núm. 1 en Madrid, en 1922 (sin mes, pero supone de octubre o primera quincena de noviembre; el núm. 2, de 30-11-1922; el núm. 3, de 15-12-1922; el núm. 4, enero 1923; y el núm. 5 y último, de 1923 (sin mes, pero se supone octubre o noviembre).

(23) La serie de 13 “Galerías” de Pedro Garfias en El Sol Ecijano, van de febrero a mayo de 1929.

(24) La serie de 8 “Estampas” de Pedro Garfias en La Voz de Écija, van de abril a agosto de 1929.

(25) El carnet de Garfias de afiliación al Partido Comunista de España llevaba el núm. 25.739, según consta en el archivo de Margarita Fernández, Osuna.

(26) Las colaboraciones de Garfias en Heraldo de Madrid empiezan el 11 mayo 1933, y terminan el 12 septiembre 1935.

(27) La tarjeta de miliciano de Garfias, como miembro de las Milicias Andaluzas, lleva fecha de 11 agosto 1936, con el núm. 231, y la categoría de “Alférez Ayudante”. Archivo de Margarita Fernández.

(28) Salaün, Serge, La poesía de la guerra de España, Castalia, Madrid, 1985, p. 250.

(29)  El nombramiento oficial de Garfias como comisario de Batallón, lleva fecha de 15 diciembre 1936. Datos del Archivo Histórico Nacional, Sección Guerra Civil, Salamanca.

(30) Roldán, “La heroica defensa de Pozoblanco”, en Frente Sur, Jaén, 4 abril 1937.

(31) Frente Extremeño, Castuera, n. 6, 8 julio 1937.

(32) Testimonio escrito de Julián Antonio Ramírez, remitido desde Muchamiel (Alicante), con fecha 5 febrero 1985.

(33) Testimonio del Dr. Antonio Navarro Pérez, entrevistado en Madrid, con fecha 27 noviembre 1986.

(34) Rius, Luis, “Presentación” del disco Pedro Garfias, Voz Viva de México, UNAM, México D.F., 1970.

(35) Souto Alabarce, Arturo, “Poeta de la soledad y del destierro”, en Comunidad CONACYT, México D.F., n. 132-133, dic. 1981, enero 1982, pp. 68-69.

(36) La fuente sobre esta valoración de Dámaso Alonso ha sido el maestro exiliado en Monterrey Alfredo Gracia Vicente, que recibió la visita de Dámaso Alonso en su librería “Cosmos”, de Monterrey, y de ello dio cuenta en una carta remitida a Pedro Garfias, con fecha 7 abril 1949, que reproduzco en mi biografía Pedro Garfias, poeta de la vanguardia…, ob. cit., p. 475. También publica el mismo testimonio el propio Alfredo Gracia Vicente, en su folleto Pedro Garfias, pastor de soledades, Sierra Madre, colección Poesía en el Mundo, n. 105, Monterrey, 1972, p. 41.

(37) Rejano, Juan, “Poesía e historia o historia de una poesía”, El Porvenir, Monterrey, 18 marzo 1946; en Revista Mexicana de Cultura, suplemento literario de El Nacional, México D.F., 3 septiembre 1967).

(38) Anónimo, “Aspectos de…”, recorte de prensa sin más datos, archivo de Margarita Fernández, posiblemente de Monterrey, de hacia 1948.

(39) Saldaña, José P., “Pedro Garfias”, en un recorte de prensa, sin más datos, en el archivo de Margarita Fernández, posiblemente de Monterrey, de hacia 1948.

(40) Cardona Peña, Alfredo, “Danza de rostros”, El Nacional, México D.F., 17 septiembre 1967.

(41) Linares, Francisco, “Grandeza de Pedro Garfias”, Revista Mexicana de Cultura, suplemento literario de El Nacional, México D.F., 9 agosto 1970.

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