9/29/2017

MUJERES EN LA SIERRA: ESPERANZA MARTÍNEZ


GUERRILLERAS CONTRA FRANCO: ESPERANZA MARTÍNEZ

 

A los que el franquismo les cayó entero encima. Dignidad de la lucha guerrillera en España.

 

                                         Por Francisco Moreno Gómez

 

      El panorama actual, historiográfico, político y social, favorable a la recuperación de la memoria histórica relativa a las penalidades de los demócratas españoles, víctimas del golpe militar de 1936 y de la dictadura subsiguiente, permite acoger con beneplácito todos los esfuerzos recuperadores, especialmente los libros de memorias de los testigos y supervivientes del franquismo. Este es el caso del libro de memorias de Esperanza Martínez, Guerrilleras. La ilusión de una esperanza (Latorre Literaria, Madrid, 2010), cuya publicación recibimos con admiración. Un valioso libro de memorias que, aunque conciso, es sobradamente ilustrador del calvario sufrido por los demócratas españoles bajo el franquismo. Esta obra es un grano de arena más para erigir el imperecedero memorial democrático español, aere perennius.

      Esperanza Martínez es una manchega de la serranía de Cuenca, la tercera de las cinco hijas de un modesto arrendatario de Atalaya de Villar del Saz. Una familia de convicciones republicanas que, cuando se vio en la encrucijada del final de la II Guerra Mundial, y ante el fenómeno de la resistencia española o guerrilla antifranquista, allá por los años 1945-1946, no dudó –su padre y su cuñado, primeramente- en servir de enlaces y colaboradores con grupos de guerrilleros conquenses, que llegaban por su casa de campo. Pronto entraron también a colaborar las hijas, entre ellas Esperanza, en plena juventud, cuando apenas sobrepasaban la adolescencia. Su misión era la de la intendencia: con la ayuda de una burra se dirigían a la vecina Cuenca capital, a 15 kilómetros, y hacían acopio de subsistencias, con sumo peligro, para lo cual tramaban todo tipo de precauciones.

      Pero el franquismo –auténtico fascismo rural- no tardaba en entrar en sospechas sobre personas y actividades. La contrapartida comenzó a vigilar la casa de los Martínez. El cerco se estrechaba por momentos. Y cuando comenzaron las detenciones en un pueblo vecino, toda la familia de los Martínez, el padre, un yerno y tres hijas, todos juntos, se incorporaron a la guerrilla, además de otra familia (padre, hija y yerno). Era el 18 de diciembre de 1949. Los hombres perderían pronto sus vidas en diversas emboscadas contra la guerrilla. Las hijas, a pesar de múltiples penalidades, lograron sobrevivir, si bien con las marcas de la represión franquista.

      El testimonio de Esperanza Martínez sobre los pormenores de la vida en la sierra es muy revelador, la vida en el campamento, las diversas tareas de los guerrilleros, los peligros, las precauciones, las emboscadas, los choques, las tragedias y la muerte. Esperanza, una vez caídos su padre y su cuñado en la lucha antifranquista, se convirtió en una guía de pasos, entre España y Francia, a través de los Pirineos. Duro trabajo para una jovencísima antifranquista. Luchas ejemplares en tiempos de silencio y opresión.

      En el verano de 1951, Esperanza Martínez cruzó por primera vez los Pirineos, en compañía del célebre “Teo”, y volvió como guía en febrero de 1952, en libertad por poco tiempo, porque el 25 de marzo del mismo año cayó detenida bajo las garras del franquismo. Ocurrió en un tren, en Miranda de Ebro. A partir de entonces, el típico calvario por las comisarías y las cárceles franquistas, las torturas en las dependencias de la Puerta del Sol de Madrid, el consejo de guerra y el habitual “turismo” penitenciario. El testimonio de Esperanza se convierte aquí en la voz de los esclavos españoles bajo la dictadura. El coro de los esclavos de Franco. Una más de las voces de la tragedia que el dictador no consiguió apagar. Por ello, estas memorias de Esperanza Martínez son una más de las pocas voces indomables que han irrumpido contra el silencio y un testimonio más que ha estallado contra la desmemoria impuesta.

      Esperanza Martínez salió en libertad en 1967. Una juventud perdida, una vida rota y un matrimonio tardío. Cuántas juventudes y cuántos proyectos de vida quedaron quebrados o aplastados por la dictadura. En medio de la gran escombrera en que el franquismo dejó convertido a nuestro país, he aquí que el compromiso de aquellos miles de hombres y de mujeres en la resistencia armada se levanta hoy como un memorial heroico de la democracia española.

      La guerrilla antifranquista no fue una peripecia, ni una curiosidad, ni una anécdota pintoresca. Fue la tragedia de una resistencia democrática, bajo las pistolas del dictador y bajo el olvido de las democracias europeas, sobre todo Inglaterra y Francia, que no movieron un dedo para auxiliar a los resistentes españoles y los dejaron morir y podrirse en los montes de España.

      La lucha guerrillera antifranquista fue la última batalla por la República democrática española, fue el último esfuerzo de la política de resistencia a ultranza propugnada por el PCE, frente a las políticas de armisticio de los últimos meses de la guerra, en los que bastantes sectores del Frente Popular se habían cansado ya de luchar. Pero la antorcha de la resistencia antifranquista continuó en los montes de España, hasta comienzos de los años cincuenta.

      Hemos de insistir en que la guerrilla antifranquista ni fue un anecdotario ni fue un fenómeno pintoresco, como a menudo pretende verla la prensa actual. Fue la tragedia de los últimos luchadores antifranquistas, en el contexto de la lucha antifascista europea. Después de un período inicial de “huidos”, a partir de 1944-1945 fue la transposición a España de los métodos de resistencia armada antinazi o antifascista (maquis, partisanos, etc.). El franquismo presentó a España a estos luchadores como “bandoleros”, pero eran, simplemente, la expresión de la resistencia antifranquista en pro de la restauración de la democracia republicana. La única diferencia de los españoles con los franceses, italianos, etc. fue que éstos vencieron, y los españoles fueron aniquilados por la dictadura.

      El porqué del fracaso de la guerrilla española hay que verlos en dos grandes factores. Primero, en la dejadez y negligencia de las democracias europeas (Inglaterra, Francia, etc.), que igual que dejaron caer la República democrática, dejaron sucumbir también a los resistentes antifranquistas en la más trágica soledad. Segundo, en el rigor y salvajismo de la represión franquista, que se empleó a fondo contra huidos y guerrilleros, desde múltiples frentes y con todo tipo de violencias, incluidas las torturas, las liquidaciones in situ y las aplicaciones de la “ley de fugas” contra maquis, enlaces o familiares de los mismos.

      Estas memorias de Esperanza Martínez nos sitúan en una de las guerrillas más emblemáticas de las que se dieron en las diferentes regiones: La Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, AGLA, enclavada en parte de Cuenca, Valencia, Tarragona y Teruel. Pero existieron otras muchas guerrillas en España, todas con el mismo objetivo antifranquista, pero con muchas diferencias entre sí. Eran entonces las montañas españolas como un reino de Taifas antifranquista, similares y diferentes a la vez. No hubo una sola guerrilla homogénea, sino muchas guerrillas.

      Esperanza Martínez vivió la controvertida y peculiar evacuación de los guerrilleros de Levante en mayo de 1952, la única evacuación que desde Francia se acertó a organizar en los montes españoles, porque las demás guerrillas no gozaron de esta planificación y perecieron sin remedio en el más absoluto abandono y descoordinación. Las pocas evacuaciones que se llevaron a cabo en el resto de España se hicieron a título particular, por pequeños grupos aislados y temerarios, los cuales algunas veces consiguieron su objetivo y otras muchas perecieron en el intento, víctimas de los múltiples peligros del recorrido hacia los Pirineos (más difíciles aún fueron los intentos hacia el otro lado del Estrecho, Tánger, etc.), y además hubieron de sufrir, con frecuencia, la felonía de los franceses, que en bastantes ocasiones devolvieron a los fugitivos otra vez a España, para caer en las garras del franquismo, sin más horizonte que el paredón y la muerte.

      Este libro de memorias de Esperanza Martínez nos sitúa de lleno en este gran calvario de la lucha democrática española contra la dictadura franquista, y en el papel que tuvo la mujer antifascista en aquella lucha. No hay que buscar el papel de aquellas mujeres luchadoras en la vanguardia armada, apretando el gatillo contra los guardias civiles, sino que hay que valorar su papel como elementos imprescindibles en la retaguardia. Las mujeres republicanas fueron el alma de la retaguardia, de los puntos de apoyo, de las labores de enlace y colaboración. Fueron las auténticas guerrilleras del llano, sin cuya labor la guerrilla propiamente dicha no hubiera sido posible. Se jugaron la vida en el abastecimiento, en la vigilancia, en la ocultación de los guerrilleros, en el socorro a los mismos, en su protección y en múltiples labores de información. Las mujeres republicanas fueron el alma de la intendencia de la guerrilla y de los puntos de apoyo, es decir, lo más característico de la guerrilla del llano, en cuya labor muchas perdieron la vida, lo mismo que las pocas que no tuvieron más remedio que empuñar la pistola o la escopeta, dando también su vida en la vanguardia del monte. Esperanza Martínez tuvo, al menos, la suerte de salvar la vida, y con ello nos ha salvado la memoria, nos ha salvado la historia y nos ha salvado el honor y la dignidad de una lucha democrática. Que la Historia y la Democracia española les den el reconocimiento que se merecen.

 

                                                  

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