9/08/2017

TRAS LA HUELLA DE LOS EXILIADOS. JOSÉ CABALLERO



TRAS LA HUELLA DE LOS EXILIADOS

 JOSÉ CABALLERO, de AÑORA, condecorado con la Legión de Honor.

(“El grupo de los cordobeses”: Los hermanos Ángel,  Leonardo y Enrique Fernández, de El Guijo. Demetrio Fernández y Antonio Jurado, de Villanueva de Córdoba. José Sevilla, de Villaralto. Florián Andújar García, de Torrecampo. Ernesto Prieto Hidalgo, de Villanueva del Duque).

Por Francisco Moreno Gómez

  
(Esta entrevista se realizó a José Caballero Caballero, en Añora, el 12 de septiembre de 2007, por Francisco Moreno Gómez, según encargo de Fernando López, de Pozoblanco, ya desaparecido. También falleció ya José Caballero, en Annecy, Francia, el 27 de octubre de 2010. José Caballero, miembro de la “Amicale des Anciens Guerrilleros Españols en France (F.F.I.),” y condecorado con la Legión de Honor en Francia, en 2008,


El golpe militar

El 17-18 de julio de 1936, cayó sobre los españoles un golpe militar, con un programa de violencia desconocido en la historia. El golpe derivó en una guerra civil cruentísima. Centenares de miles de ciudadanos afectados, en sus vidas, en sus hogares, en sus bienes y en su destino. Nuestros pueblos de Los Pedroches se hallaban inmersos en las faenas de la recolección y en sus quehaceres habituales, cuando les cayó encima la catástrofe, no por temida, menos sorprendente. José Caballero Caballero, de Añora, tuvo que dejar sus labores en un cortijo y su vida habitual, para adaptarse al vendaval desencadenado:

--Cuando estalló el golpe militar, yo tenía 17 años, y me encontraba con mi padre, de pastor, en una finca próxima a Villanueva de Córdoba, que tenía arrendada uno de Añora. Allí estuve los dos años anteriores a la guerra. Y tuve mucho contacto con los comunistas de Villanueva, que eran gente muy conocida, los hermanos Caballero Vacas y otros.

         Después del 18 de julio, me asomé por Villanueva y vi cómo los señoritos disparaban desde la torre. Entonces, me vine a Añora, andando. Aquí, el 19 de julio dieron un pregón para que todo el que tuviera armas las entregara en el Ayuntamiento, y circulaban órdenes para que se metiera en prisión a la gente obrera. Entonces, con algunos paisanos más, decidimos acercarnos a Dos Torres, a ver qué pasaba. Al llegar, nos recibieron a gritos de “¡Viva Cristo Rey!”, por lo que nos volvimos a Añora. Al llegar, a la altura del cementerio, ya me apresaron unos falangistas, diciéndome que me iban a pegar cuatro tiros. Menos mal que había uno de ellos con el que tenía amistad, y este me dijo que me fuera a mi casa y que no saliera. Estuve unos pocos días metido en la chimenea de la cámara, hasta que llegaron por allí los milicianos de Villanueva de Córdoba y tomaron el pueblo (5 de agosto). Por todas partes sonaba ‘¡Que vienen los rojos!’ Y las mujeres salían a poner trapos rojos en las ventanas. Yo salí de la cámara. Por allí andaban Emilio Castejón, Bartolomé Luna y otros. Yo los conocía a todos. Y se movían a caballo y lo correteaban todo, mientras todas las milicias estaban en el cerco de Pozoblanco, a donde yo me incorporé. Entonces vi como todo un batallón de guardias civiles se entraban en Pozoblanco. Luego, cuando estábamos en el cerco, de vez en cuando salían y nos hacían correr. Muy pocos teníamos armas.


Al frente de Madrid. Brunete

Muchos de los Pedroches marcharon al frente de Madrid, la mayoría, al 5º Regimiento, sobre todo de Hinojosa, Villanueva del Duque, etc. Varios centenares de voluntarios. José Caballero se enroló en el Batallón “Amanecer”, formado en la sierra de Guadarrama, en septiembre de 1936, con obreros de Vallecas y campesinos de Granada y Córdoba, y bajo el mando inicial del escritor Ramón J. Sender. Se integraron en la 1ª BM, como 3º Batallón, al mando de Enrique Líster. Lucharon en las batallas del Jarama (11-2-1937), Guadalajara (8-3-1937) y en Brunete (6 de julio). Aquí, la 1ª BM, en una audaz marcha nocturna, rompió la línea enemiga y llegaron a 300 metros de Brunete. A los dos días ocuparon Villanueva de la Cañada. Murieron le jefe de la Brigada y 212 oficiales, sin contar otros soldados. Actuaron: El V Cuerpo, de Juan Modesto, con las Divisiones de Lister, El Campesino y Walter.

         --Después de la rendición de Pozoblanco, yo marché a Cerro Muriano, pero como no me daban armas ni me hacían caso, decidí marcharme a Madrid, a donde llegué en tren. En Madrid me enrolé en el Batallón “Amanecer”, que luego se integró en la 1ª Brigada Mixta, de Enrique Lister, como tercer Batallón. Yo estaba en la Compañía de Ametralladoras. En la Brigada se destacaba también “El Corbata” (Juan Rodríguez Zarzalejo) en otro batallón; un muchacho joven, de Madrid. Allí vi también a Juan Modesto. En las milicias nos juntábamos muchos madrileños y muchos de aquí, de la comarca. De Añora había una veintena: recuerdo allí a Julián Oviedo y a su hermano Miguel. A éste lo mataron en Villanueva de la Cañada, durante la batalla de Brunete, con una ametralladora que estaba instalada en la torre. Allí nos ordenaban que atacáramos Navalcarnero, para cortar la carretera y evitar llegada de refuerzos de los franquistas. Por allí había también internacionales, muy valientes. Pero el ataque se demoró y los refuerzos llegaron. Yo siempre en mi Batallón “Amanecer”, en Ametralladoras. En la batalla murieron varios de Añora. Los franquistas nos cercaron y caímos prisioneros. A mí me llevaban en un tanque, pero me escapé. Me disparaban, pero me escapé. Había de muertos por todas partes… madre mía…Había unidades en desbandada, y un capitán internacional gritaba: ‘¡Los comunistas no corren!’ En esto que llegó Lister y, con pistola en mano, se cargó a varios de los que iban corriendo. Aquello era terrible. Los aviones, las bombas entre los olivos… Había artilleros republicanos que, en vez de tirar al enemigo, tiraban contra nosotros. Líster se dio cuenta y mató a unos pocos. Salí de allí vivo de milagro.


En las batallas de Belchite y Teruel

         La batalla de Belchite, con la idea de acercarse a Zaragoza, la iniciaron los republicanos el 24 de agosto de 1937. La 1ª BM actuó dentro de la 11 División de Líster. En ella estuvo José Caballero, aunque apenas lo cita. Atacaron contra Fuentes de Ebro. Allí murió el jefe del Batallón “José Díaz”, mayor Armenta, donde había muchos de Hinojosa. Belchite cayó el 3 de septiembre, ante la 35 División republicana de Kleber. Y a finales de 1937, a la batalla de Teruel, otra ofensiva republicana, que comenzó el 15 de diciembre. José Caballero y los de la 1ª BM ocuparon Concud. El día 22, cayó Teruel. Se luchaba a temperaturas bajo cero, de manera infernal. El 30 de enero de 1938, los franquistas arreciaron la contraofensiva. El 21 de febrero, la República perdió Teruel. Los últimos en salir, ya cercados, fueron los hombres de El Campesino.

         --Pasamos luego breve tiempo de descanso, y nueva expedición, hacia Aragón, con Enrique Lister, a deshacer el Consejo de Aragón, de los anarquistas, que allí eran los amos de todo. Y Lister fue el encargado de acabar con aquello. Nos recibió un anarquista llamado Cartón. Todo era en las cercanías de Caspe. Luego nos llevaron a la batalla de Belchite… aquello fue también de lo más terrible que viví.

         Y por si ello era poco, a la batalla de Teruel, que me pilló todo lo gordo, la ofensiva, hasta que entramos en Teruel. Vino luego la contraofensiva, los italianos fascistas, los requetés navarros, los del gorro colorao. Un bombazo levantó mi ametralladora varios metros sobre el suelo, pero no me pasó nada. Pero pronto me hirieron en las piernas. Era el 29 de diciembre de 1937, a las 7 de la mañana. Allí estuve todo el día, sin poderme mover, solo, en tierra de nadie, entre las líneas, porque nadie venía a recogerme, porque me habían dejado por muerto. Allí murió uno de Añora, llamado Dionisio. El comisario era mi paisano Miguel Migallón (¿) Ruiz, y se dio cuenta, y me recogieron. También quedó herido con una pierna rota el capitán que yo tenía en Ametralladoras, que era de Villaralto, y nadie lo recogía. Tenía la pistola en la mano, pasó uno, y le dijo: ‘O me coges o te quedas aquí conmigo’. Y lo cogieron. Luego, al final de la guerra, lo metieron en el campo de concentración de La Granjuela, y allí lo sacaron y lo mataron. Se llamaba José Sevilla, de Villaralto. Una gran persona.

         Cuando me curaron, me sacaron la metralla de las piernas, sin anestesia. Me tenían que sujetar entre tres o cuatro. Y me trasladaron al Hospital “Pasionaria”, en Onteniente, Valencia. Después, quise luchar en Andalucía, me presenté en Jaén, y no me hicieron caso. Entonces, me volví a Madrid e ingresé en el Batallón Divisionario de Valentín González ‘El Campesino’. ¡Qué borrico era! Otra vez camino de Levante. Al pasar por Castellón nos bajaron de los camiones y ya todo el camino andando, hasta Lérida. Nos cruzamos con un batallón de anarquistas, que venían huyendo. Los paramos allí, los desarmamos y ‘El Campesino’ se los llevó para el frente otra vez, sin armas. Los perdimos de vista, cuando a los pocos días, que vinieron por allí los altos mandos, Vicente Rojo y otros, cuando los vemos otra vez corriendo. Y Vicente Rojo preguntaba: ‘Y aquellos, ¿quiénes son?’ Se lo explicamos, y uno de los mandos les lanzó una ráfaga de ametralladora. Pero siguieron corriendo.


En la batalla del Ebro.

         Fue la penúltima gran gesta del Ejército de la República (la última sería en Córdoba-Extremadura, el 5 de enero de 1939). La batalla del Ebro la lanzó la República. A media noche del 25 de julio de 1938, empezaron a pasar el Ebro las tropas republicanas por puentes de barcas (El V Cuerpo de Juan Modesto, el XV de Tagüeña, y otras fuerzas). La República echó aquí el resto. La batalla duró tres meses, algo desconocido hasta entonces. El eje Roma-Berlín envió derroche de material. El 1 de noviembre quedaron rotas, por fin, las líneas republicanas.

         --Perdimos Lérida, y nos fuimos a la batalla del Ebro. Si Belchite fue malo, esto fue peor. Yo, ya siempre con ‘El Campesino’. Pasamos el río con el puente de barcas, pero a la mitad las barcas se hundían, y la mitad del río lo pasamos a nado. Las tropas del Ebro ya tenían muchos combatientes de reemplazo, de quintas mayores que habían sido movilizadas. Y vinieron algunos más de Añora. A uno lo denunció alguien como fascista y los de Lister lo mataron.

         En el Ebro caí otra vez herido, en el frente de Gandesa. Cuando empezaron a retirar a los internacionales, yo fui a relevarlos. Allí se luchaba cuerpo a cuerpo y con bombas de mano. Otra vez fui herido. Tras las curas de urgencia me llevaron a Barcelona. Estando aquí, por la noche había muchos tiroteos: era la ‘quinta columna’ o los anarquistas. Modesto tenía su Estado Mayor en Tarrasa, y yo pasé a su Estado Mayor. Había allí un comisario de Belalcázar. Tiempo después me encontré con unos oficiales de Líster y les pregunté: ‘¿a dónde vais?’, -‘¿Que a dónde vamos? ¡A Francia!’ Y me fui con ellos. Luego encontré un caballo blanco, y me fui solo.


Comienza el exilio

         En 1939 se produjo en España el mayor exilio de toda su historia. España perdió medio millón de sus ciudadanos, de toda clase y condición. Fueron a parar a miserables campos de concentración franceses, sin contar los que fueron a otros campos del Norte de África. Algunos pasaron a otros países. Otros, a las Compañías de Trabajadores francesas; otros, a los campos de exterminio nazis; otros, a luchar en la resistencia francesa. Una catástrofe humanitaria de rasgos espantosos. 

--Era febrero de 1939. Llegué a la frontera y la tenían cerrada los franceses. Todo el día esperando, el 9 de febrero, que no se me olvidará nunca. En esto llegó el comisario de Añora, Miguel Migallón (¿) Ruiz, y pasamos juntos, a las tres de la tarde. Anduvimos por las cunetas hasta que llegó un camión y nos cogió para los campos de concentración. Había una serie de agentes, diciendo que los que quisieran, podían volver a España, y les daban un pedazo de pan. A quienes cayeron en la trampa, los mataron luego.

Llegamos al campo de concentración de Saint Cyprién, allí a la intemperie, durmiendo en hoyos en la arena, sin agua ni comida. Nos daban un pan de cinco kilos para 25 hombres. No caíamos a nada. Me pude encontrar con unos de Añora. Aquello era lo peor de lo peor. Todos los días se moría gente. Nos vigilaban negros senegaleses y moros. Estos eran los peores. Se echaban encima de la gente con los caballos. Los gendarmes nos quitaban todo, los relojes y cualquier cosa, y nada devolvían.

Luego, nos llevaron al campo de Barcarés. Aquí por lo menos había barracones, para no estar a la intemperie. Alli pasamos los días, hasta que estalló la II Guerra Mundial. Al poco tiempo, yo me alisté en la 527 Compañía de Trabajadores, que la hicieron los catalanes, la mayoría eran del POUM. Nos llevaron a una fábrica de guerra, al departamento de Toulouse. En esta Compañía de Trabajadores estuve hasta 1942. Allí cortábamos leña, hacíamos carreteras, etc., con unos céntimos de sueldo. Era la ‘Francia Libre’, la de Vichy.

En esa Compañía de Trabajadores estábamos: Antonio Jurado, de Villanueva de Córdoba, que había sido capitán profesional antes de la guerra, creo que de Caballería. Era mi brazo derecho, el que me mandaba a mí. Había también tres hermanos de El Guijo. Cada compañía tenía 250 hombres, que salieron de los campos de concentración. Y estábamos siempre trabajando en la montaña.


En la resistencia francesa

En España, haber participado en la guerrilla, no tiene reconocimiento ninguno, sino todo lo contrario. Es la ley de los vencidos. En cambio, en Francia, haber participado en la guerrilla o resistencia, es motivo de honor y condecoraciones, como nuestro paisano José Caballero, condecorado en Francia, y olvidado en España.

 --En 1942 escapamos de la Compañía de Trabajadores, y fue por lo siguiente. Resulta que se presentaron allí alemanes de paisano. Nos mandaron bajar de la montaña, nos formaron y nos pusieron a escuchar a los alemanes: Que Alemania necesitaba mano de obra, que querían voluntarios para ir a trabajar allá… y preguntan: ‘Los que quieran ir, que den un paso adelante’. Nadie se movió. Nos miramos unos a otros, y todos quietos. Y amenazan los alemanes: ‘¡Pues si no quieren ir voluntarios, irán a la fuerza!’. ‘Ya veremos’, nos dijimos nosotros.

Decidimos pasar a la resistencia, al maquis. Teníamos enlaces en la ciudad, que dijeron venir a por nosotros. Así que dejamos la barraca y nos fuimos al monte, a la resistencia. Eran finales de 1942. Muchos franceses se sumaban a nosotros. Esto ocurría en Doussard, en el lugar llamado La Combe d’Ire, cerca de Annecy, en la Alta Saboya. Ese fue nuestro escenario de lucha. Así pasamos todo el año 1943, en las montañas, salvo un período de formación, en una Escuela de Cuadros, de Manibeau (¿). La nochebuena de 1943 estábamos allí.

El primer grupo de guerrilleros españoles de la zona de Annecy se había creado el 1 de abril de 1943, el maquis de Mont-Veyrier (al Sureste de Annecy), unos 15 españoles, al mando de Jorge Navarro. El segundo grupo de guerrilleros españoles se creó en junio de 1943, en la zona de Doussard, en el lugar llamado La Combe d’Ire. Se componía de 45 hombres, la mayoría españoles, al mando de José Gabriel Vilches, de un pueblo de Jaén, asesorado por Antonio Jurado (de Villanueva de Córdoba) y José Marí Juan.


Los españoles en el Plateau des Glières

La lucha de los españoles contra los nazis, en la meseta de Glières, cerca de Annecy, es uno de los grandes episodios de la lucha por la liberación de Francia. Los maquis fueron convocados en la altura de Gliéres para recibir un gran parachutaje de armas para la resistencia, pero los alemanes los descubrieron y los acorralaron. El hecho de que allí se encontraran varios combatientes de nuestros pueblos de Los Pedroches, debe ser motivo de recuerdo y orgullo.

--El 1 de febrero de 1944, subimos a la meseta o Plateau de Glières (de 1.400 m.), cuatro destacamentos de españoles: el de Marí Juan, el de Navarro, el de Vilches, y el de Jurado. Suman 60 hombres. Se llamó la ‘Sección Ebro’, del Batallón de Los Glières. La mayoría, andaluces. Luego subieron más guerrilleros de otros lugares, siguiendo las instrucciones desde Londres, hasta un total 450 hombres, de los que 60 son los españoles de la ‘Sección Ebro’.

Más tarde, éramos 56, que se dividieron en dos grupos, porque había dos salidas en la meseta: un grupo lo mandaba Vilches, y el otro, Antonio Jurado, donde yo estaba. Yo mandaba un pelotón o sección, y un muchacho de Málaga, Francisco Perea Galán, otro pelotón. Mi sección se llamaba el ‘Grupo de los Cordobeses’, y éramos: tres hermanos de El Guijo (Ángel, Leonardo y Enrique Fernández), y Demetrio Fernández “Bigotes”, de Villanueva de Córdoba, y yo.

Se supo que los alemanes estaban haciendo un gran despliegue, y no era otra cosa que una ofensiva de rastreo para aniquilar a los guerrilleros. El 5 de febrero comenzó la gran batalla de Los Glières, con una ofensiva de 6.000 alemanes (y franceses fascistas), más otros tantos en segunda línea. A los pocos días cercaron la meseta, nos asfixiaban con las ametralladoras. Tuvimos muertos, entre ellos el teniente ‘Simón’, y prisioneros, como el médico y varios enfermos. Así, acosados, pasamos el mes de febrero, Recibíamos suministro por paracaídas. A mediados de marzo, fuimos bombardeados por la aviación alemana, varios días. Unos días después, la aviación a la meseta, para que no tuviéramos ni escapatoria ni escondite posible. El 25 de marzo sufrimos un bombardeo ininterrumpido desde el amanecer hasta el anochecer, y la artillería alemana acaba con todos los chalets de la zona. El 26 de marzo, los alemanes ejecutan el asalto a la meseta. Nuestro jefe general, el capitán Anjot, firma la orden de repliegue general, evacuan el Plateau, pero nosotros no nos enteramos. Ellos hicieron la evacuación. Entre los muertos había uno de Torrecampo, Florián Andújar García, que iba con el capitán francés. Allí iba también uno al que llamábamos ‘Madriles’ (Ángel Gómez), porque era madrileño. Los guerrilleros se abren camino con bombas de mano. Algunos son abatidos. Los españoles llegan a la lucha cuerpo a cuerpo, mientras llega la noche. El balance fue terrible: murieron 112 franceses y 9 españoles. Cayeron prisioneros, la mayoría heridos, 75 franceses y 5 españoles. Consiguieron romper el cerco y escapar: 293 franceses y 51 españoles. Entre los prisioneros estaban: José Marí Juan (jefe de un destacamento) y el malagueño Francisco Perea Galán. Entre los que salieron estaban Vilches y Antonio Jurado. En cuanto a José Marí, lo llevaron, con cuatro españoles más (uno acabó escapándose) a Annecy, donde sufrieron los interrogatorios del criminal comandante Lelong. De ahí fueron a parar al campo de exterminio nazi de Dachau. Al menos José Marí sabemos que sobrevivió.

Nosotros, el ‘Grupo de los Cordobeses’, nos quedamos solos en el Plateau, no sabíamos qué hacer. Estuvimos cinco días escondidos, comiendo nieve. Por cierto que aquellos días ocurrió una tempestad impresionante de nieve. Los alemanes se marcharon. Nosotros no sabíamos por dónde tirar. Buscamos un sitio para descender, y lo hicimos sirviéndonos de unas cuerdas de paracaídas. Pero abajo, en la carretera estaban los alemanes. Y decidimos atravesar un río, que lo hicimos atados, y un campesino nos ayudó con un cable de los leñadores, y pasamos a otra montaña, ya de noche, muertos de frio, mojados. Menos mal que dimos con una casa de campesinos, que nos dieron ropa y de comer. Dormimos en el pajar. Salimos enseguida de allí, para que no se enteraran los alemanes, que los hubieran matado a todos. Luego, nos encontramos al ‘Madriles’, que se había salvado y nos sirvió de guía, para no caer en manos de los alemanes. Nos explicó todo y nos salvó la vida. Este ‘Madriles’ estaba ya luchando plenamente en el maquis.


La liberación de Annecy

--Después del desembarco de Normandía (6-6-1944), fue cuando nos lanzamos, en plena lucha de la resistencia, a la liberación de la ciudad de Annecy. Y en una de las últimas operaciones, atacamos el cuartel de los alemanes y los apresamos a todos. Hacíamos emboscadas por la noche, y ya no nos paraba nadie. Otro día nos situamos en una fábrica de calzado, para emboscar a los alemanes, según información de que a las 4 se iban a presentar en la fábrica, pero no vinieron. En todas estas luchas siempre estaban conmigo los tres de El Guijo, y el de Villanueva, Demetrio Fernández.

Una vez liberado Annecy (19 de agosto de 1944), toda nuestra ilusión era entrar en España. Muchos franceses se habían comprometido a venir con nosotros. Y mandamos a Toulouse a uno que tenía dotes de mando, Miguel Vera, que procedía de las minas de Puertollano, natural de Málaga. Pero éste, en Toulouse no dio los recados que le habíamos transmitido. Y ya estábamos varios preparados para venir a Córdoba: los ya citados y otro de Pozoblanco, que se apodaba o se llamaba “Lobo”, que le decían de los Arrieros. Al ver que a muchos que entraban en España los mataban, y que tampoco ayudaban los aliados, consideramos imposible nuestro proyecto.

 Al acabar la II Guerra Mundial, ya me quedé en Francia definitivamente, a rehacer mi vida. Me establecí en Annecy, una ciudad de más de 50.000 habitantes. Fui albañil, estuve en la construcción de un pantano, en fábricas, etc. Me casé en 1951 con Carmen Domínguez, nacida en Francia, pero de padres de Castellón. Tuve dos hijos: uno es profesor y otro, médico.

Siempre pertenecí al Partido Comunista de España. Ahora soy presidente del Amical de los Antiguos Luchadores. El 14 de abril de cada año, siempre celebramos una fiesta, la de la proclamación de la II República. Regresé a Añora, por primera vez, en 1971. Después, hemos hecho siempre una visita cada año.


La concesión de la Legión de Honor

El 24 de agosto de 2008, con motivo del 64º aniversario de la liberación de Annecy, el general Jean-René Bachelet, presidente de la Asociación de Glières, fue el encargado de condecorar a los españoles José Caballero, de Añora, y a Ángel Gómez, de Madrid como “Caballeros de la Legión de Honor”. En el acto, el general Bachelet dijo: “Hoy la República se honra en concederles la Orden Nacional más alta” (A ver cuándo contemplamos a un general español conceder una condecoración a un maquis español). Bachelet recordó los méritos de los dos españoles, como “antiguos combatientes del Ejército Republicano español refugiado en Francia, después del trágico epílogo de la guerra de España, en la que José Caballero fue oficial. Los dos –continuó en su discurso- fueron internados en campos de concentración y se incorporaron a una Compañía de Trabajadores en la Alta Savoya. En 1943 se incorporaron al maquis, en el “Ejército Secreto”. El 1 de febrero de 1944 cumplieron la orden de Tom Morel de subir al Plateau para un parachutaje masivo de armas, y los españoles formaron allí la “Sección Ebro”. El 9 de marzo, en el ataque alemán, murió Tom Morel, y le sustituyó el capitán Anjot, al que Ángel Gómez escoltó en la operación de evacuación”.

Hoy, en uno de los jardines de la villa de Annecy, el de la plaza de Ginebra, hay un monumento dedicado “A los españoles que murieron por la Libertad”, cincelado por el escultor exiliado Baltasar Lobo. El monumento que jamás se ha realizado en España. Nuestra democracia atípica, que aún mantiene una vela a Demos y otra a Franco.


Los que no pudieron contarlo


Muchos exiliados españoles, luchadores por la liberación de Francia, no pudieron contarlo. Este fue el caso de Ernesto Prieto Hidalgo, nacido en Villanueva del Duque, en 1918. Reconocido como héroe nacional en Francia, es ignorado en España. Fue miembro del maquis o resistencia, en la llamada Organisation Spéciale (OS), de francotiradores y partisanos, grupo creado a finales de 1941 por el PCF. La célula de los españoles estaba formada por cinco: Benedicto Blanco Dobarro y Alfredo Gómez Ollero (de Orense, los responsables), Miguel Sánchez Tolosa (Hellín), Basilio Blasco Martín (Zaragoza) y Ernesto Prieto Hidalgo (Villanueva del Duque).

Estas identificaciones han sido posibles gracias a la labor de Le Colectif du Procés des 42, una asociación en pro de la memoria histórica de Nantes. Mientras los 32 franceses caídos estuvieron siempre identificados, no así los españoles. Una paciente labor de Le Colectif coronó la tarea de identificación de los españoles en 2006. Y por si era poco, hicieron una suscripción popular y erigieron un monumento donde reposan los cinco españoles en el cementerio de La Chapelle-Basse-Mer. La identificación de Ernesto fue la más difícil, porque tenía el único dato de “natural de Villanueva”. La Asociación de Nantes indagó en todas las Villanuevas de España, hasta que dieron con Villanueva del Duque. También en Francia los hay muy decididos con el tema de la memoria histórica.

Entre el 15 y el 28 de enero de 1943 tuvo lugar el llamado Procés des 42, en el Palacio de Justicia de Nantes, por actividades subversivas contra los alemanes. Estos invasores condenaron a 42 resistentes, 37 de ellos a pena de muerte, entre ellos, los 5 españoles. Fueron fusilados el 13 de febrero de 1943, en los terrenos militares de Le Bêle, en Nantes, y los enterraron en la ya citada localidad de La Chapelle-Basse-Mer. Un caso más de españoles errantes por el mundo, luchando y muriendo por las libertades democráticas, y en nuestro caso, un héroe más de Los Pedroches, entre los pocos que vamos conociendo, en lucha contra el olvido.

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